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Un fallo justo pero inquietante

Published: September 03, 2009


El paisaje después de la batalla.

Omar Rodríguez Saludes es huésped, desde hace más de seis años, del sistema carcelario castrista. El gobierno del Dictador Jubilado lo condenó a 27 años de prisión durante la llamada Primavera Negra del 2003. ¿Su delito? Las fotografías que tomaba de cosas que él y su lente veían en La Habana: largas filas de consumidores demacrados, escombros, ruinas y miserias humanas. Son imágenes poco halagüeñas, como la que ilustra esta entrada de El Cubanazo en su blog. ¿Pero hacen a alguien merecedor de una pena de cárcel? ¿Y de más de 20 años? Es como si alguien nos acribillara a tiros porque no le gustó el retrato que le hicimos.

Pero no olvidemos que se trata de una de las trianías más largas, irracionales y despiadadas que ha conocido este continente. Así las cosas, Rodríguez Saludes languidece en una cárcel cubana. El Cubanazo no tiene que imaginarse las condiciones en que se desenvuelve este fotógrafo contestario: él mismo pasó, en la década del 70, por el exclusivo hotel de los hermanos Castro, y conoce de cerca los males que acosan día a día a los prisioneros políticos. Hambre, enfermedades sin atender, golpizas, alimañas… y mucho dolor acumulado. Sobre todo, porque es una cárcel tan inmerecida como cruel, el dolor se agiganta y la soledad ahoga.

Ahora, sin embargo, un juez estadounidense ha puesto un valor monetario preciso a tanto sufrir (http://www.cubaencuentro.com/es/cuba/noticias/juez-de-miami-dice-que-la-habana-debe-pagar-27-5-millones-por-arrestar-al-periodista-omar-rodriguez-saludes-207479), $27.5 millones, para ser exactos. A razón de más de $1 millón por año. La suma deberá pagarse a la madre del disidente encarcelado, residente en Kentucky. De ésta, $2.5 millones son responsabilidad del gobierno cubano y $25 millones corresponden al Partido Comunista de Cuba, por concepto de daños punitivos.

Me parece un buen ejemplo de justicia civil americana, donde cada acto o suceso que afecta a un segundo o tercero tiene sus consecuencias inevitables en el bolsillo, desde un simple resbalón en una tienda hasta un incidente de negligencia médica. El sistema legal totalitario del castrismo no resiste el más leve examen en los tribunales de un país civilizado, por lo que la ley cae sobre éste y sus trapacerías con todo el peso que la caracteriza. ¿Pero se trata acaso de un fallo que favorece el rumbo de una futura república de Cuba?

No me cabe duda de que toda la odisea que pasé en las prisiones castristas entre 1973 y 1977, por un simple delito de opinión o “diversionismo ideológico”, debería tener un precio contante y sonante. ¿Cuántos millones vale pasar cuatro años lejos de tu esposa e hijo? ¿Ser transportado de provincia en provincia en rastras, con cientos de otros presos, asfixiándote? ¿Trabajar cortando caña o en la construcción como un esclavo durante años? ¿Permanecer hacinado en estrechas y húmedas galeras por puro capricho de un régimen intolerante? No sé, pero me cuesta ponerle un valor monetario.

Lo cierto es que el fallo de este juez federal de Miami sienta un precedente inquietante, a juicio mío. Aunque me parece justo que la madre de este prisionero sea resarcida por tantos injustos agravios, lo cierto es que ni el gobierno ni el Partido Comunista de Cuba tienen con qué pagar los daños y perjuicios de su ciudadanía. Mucho me temo que tampoco lo tendrá un futuro gobierno democrático de la isla.

Que se haga justicia a una familia, aun en un tribunal extranjero, nos alegra a todos. ¿Pero acaso queremos que la nueva república cubana nazca lastrada por demandas que nunca podría pagar? No estoy tan seguro de eso.


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