
Tony Soprano en La Habana
Published: April 22, 2008
Los Sopranos: Mafiosos divertidos para una audiencia sufrida. Foto: HBO
Ah, la memoria…
El reciente anuncio de que la TV cubana iba a empezar a trasmitir los Sopranos y Anatomía de Grey me retrotrajo a aquella época de los 70 en que los medios cubanos empezaron a trasmitir, a cuentagotas, películas a todas luces pirateadas de la televisión extranjera.
Creo que el milagro ocurría cada sábado. La cartelera de Granma anunciaba la película “especial” y a eso de las 10 u 11 pm todos estábamos pendientes de verla. No importaba si era buena o mala, o de un director conocido o no, la transmisión nos llegaba como una brisa fresca en medio de una dieta de producciones soviéticas o germano-orientales francamente soporíferas.
Eso sí, cuidado con el apagón. A veces, no bien comenzábamos a disfrutar de la película tan esperada, de pronto se iba la luz y nos quedábamos con las ganas. Cosas del comunismo tropical.
Lo cierto es que la práctica de piratear películas extranjeras, en particular estadounidenses, para ofrecerlas a la audiencia cubana, sedienta de producciones digeribles, no empezó por la televisión. A comienzos de los 70, el Instituto del Cine abrió el banderín con La Jauría Humana, un filme de Arthur Penn protagonizado por Marlon Brando.
Estas películas pirateadas se presentaban invariablemente en blanco y negro, aunque hubieran sido hechas originalmente en colores. Su proyección venía precedida de una dramática aclaración, muy propia de aquellos años de Guerra Fría: “Personas amigas hicieron posible la proyección de esta película, rompiendo el férreo bloqueo imperialista. Pedimos disculpas al público por cualquier defecto”.
Ah… Todos teníamos la impresión de ser partícipes de una operación internacional encubierta. Nos imaginábamos cómo en París, Nueva York o Londres, en un rincón de una taberna oscura, alguien le pasaba discretamente a otro un maletín con una lata de películas que después, burlado el cerco de la CIA por agentes bien entrenados, se presentaban ante una audiencia cómplice en La Habana.
Bueno, me alegra saber que Tony Soprano se paseará por las pantallas de la tele cubana, conduciendo su auto por el Turnpike de Nueva Jersey mientras se fuma su tabacón. Y que las peripecias de los médicos de Anatomía inspire a sus colegas cubanos a emularlos en las salas de emergencia.
Me cuesta trabajo pensar que el sabor italiano, tan propio de Nueva Jersey, de los Sopranos pueda saborearse y entenderse plenamente allende nuestras fronteras, y sobre todo, en Cuba, donde un establecimiento como Bada Bing no está ni remotamente en los planes “reformistas” de Raul Castro.
El mundo de las salas de emergencia de los hospitales estadounidenses no me parece tampoco que pueda generar gran interés en una audiencia acostumbrada a la calma chica de los policlínicos y los llamados “médicos de familia”. Pero quizás me equivoque. Alguien recién llegado de la isla me aseguró que El Doctor House es muy popular en Cuba, al igual que la serie original de CSI (no la de Miami, claro).
Así es la vida. Una vez, estando en Italia, me di cuenta de que una de las series más populares allí era la viejísima Happy Days, doblada al italiano, claro. ¿Por qué sería? Quizás por los personajes italo-estadounidenses que presentaba. (Por cierto, los Sopranos, hasta donde yo sé, no se ha presentado en Italia).
En todo caso, además de todas estas memorias, el lanzamiento de las nuevas series estadounidenses en Cuba me ha traído a la mente otras cosas. Me imagino que, en medio de toda esta avalancha de “reformas”, no faltarán quienes quieran adivinar entre líneas (o entre fotogramas) un nuevo rumbo aperturista del régimen de Raúl. Si lo hacen, se equivocan claramente.
En esto de poner películas estadounidenses en las pantallas grandes y chicas de Cuba no hay nada nuevo. Y en lo de robárselas descaradamente, tampoco.

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