
Published: March 19, 2008
El escritor español Antonio Muñoz Molina encuentra “escandaloso” el silencio que la mayoría de los intelectuales occidentales ha guardado desde hace muchos años sobre la persecución de sus colegas en Cuba.
La verdad es que esto no debiera causarle demasiada sorpresa.
Por alguna razón y desde siempre, las atrocidades cometidas por los regímenes de izquierda contra sus opositores han pasado inadvertidos, mientras que cualquier rasguño o incomodidad que pueda sufrir un personero de la izquierda adquiere, a los ojos de la intelectualidad, proporciones de holocausto.
Pocos, en verdad, se atreven a reconocer y denunciar las largas condenas de cárcel impuestas por el régimen de Castro a sus opositores pacíficos, ni las crueles condiciones que padecen en prisión. Algunos incluso las aplauden, repitiendo como cotorras las consignas acuñadas en La Habana. Quienes se oponen a la dictadura castrista son inevitablemente “traidores” o “asalariados del imperio”.
Afortunadamente, algunos intelectuales, incluso los de tendencia “progre”, han cobrado ya conciencia de este doble rasero, y empiezan a armar escándalo en el silencio.
Un documento dado a conocer recientemente por el Comité de Protección de los Periodistas, en el 5º aniversario del arresto de 75 disidentes cubanos, contó con el respaldo de Muñoz Molina y una larga lista de intelectuales que en el pasado no ocultaron su admiración por el régimen castrista, entre ellos el estadounidense Noam Chomsky, el chileno Ariel Dorfman, el nicaragüense Sergio Ramírez y el mexicano Carlos Monsiváis.
Es digno de aplauso que al fin hayan reconocido lo evidente. Pero es el propio Muñoz Molina quien apunta a la razón de su escándalo, al decir que todavía “ se paga un precio muy alto en España, en Europa o en América Latina por decir que hay una brutal represión en esos países [comunistas]… o por pedir que la gente en Cuba disfrute de los mismos derechos a la libertad de expresión que nosotros disfrutamos”.
¿Y cuál es ese precio?
Supongo que algún que otro ataque o descalificación. O un decreto de excomunión dictado por los consabidos círculos de apoyo al castrismo, que nunca faltan. Y lo peor de todo: el rechazo por parte de las editoriales y fundaciones culturales, que desde hace tiempo son un bastión de las causas de izquierda.
El ensayista mexicano Monsiváis se cree incluso obligado a condenar el embargo a Cuba, calificándolo de monstruoso, antes de permitirse decir que “tampoco es posible admitir el cierre de la libertad de expresión a nombre de un ideal autoritario”.
¿Autoritario? ¿No debió decir totalitario y, por qué no, monstruoso?
El dramaturgo chileno Dorfman, cuyas denuncias de la dictadura de Augusto Pinochet y del capitalismo salvaje son harto conocidas, se cree en la necesidad también de celebrar “los logros de la revolución cubana, y en particular sus sistemas de salud y educación”, antes de decir al fin que le “entristece” e indigna “cada vez que se reprime la libertad de expresión en Cuba”.
¿Dónde había guardado hasta ahora Dorfman su tristeza e indignación? ¿No sabe acaso que desde 1960 no se publica en Cuba ningún periódico ni libro alguno que no tenga sanción oficial?
Sé que algunos me dirán que la diplomacia dicta que acepte estas tardías condenas del castrismo sin reprochar a quienes las profieren su largo e inexplicable apoyo a una de las más viejas satrapías de este mundo. Quisiera hacerlo. Pero pecaría de ingenuo si no señalara los polvos que trajeron estos lodos.
El régimen castrista, casi a punto de cumplir medio siglo de opresión impune, no se habría afianzado sin el apoyo puntual de muchos de quienes ahora lo condenan desganadamente.
Reader Comments
Por (veguita) on March 19, 2008
Tienes razon Cubanazo. Ya uno no sabe si agradecerles o no ese gesto tardio. De sobra saben todos los intelectuales del mundo lo que pasa en Cuba, y se van (o no) sumando al carreton condenatorio en dependencia del estado de sus relaciones con el regimen. Verguenza debia darles a muchos de ellos, especialmente Dorfman, tan conocedor de las represiones y las dictaduras.
Pero bueno, del lobo un pelo (que no un palo).
Excelente tu blog. Honesto, directo, y agudo. Felicitaciones