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¿Quién más está vigilando?

Published: October 08, 2009


Carriles ofreció sus servicios, según documentos.

Un alijo de documentos divulgados recientemente por la entidad National Security Archives ha puesto de relieve un curioso e inquietante patrón de seguimiento e injerencia global en la gestión de distintas organizaciones del exilio cubano.

Según los documentos, el activista anticastrista Luis Posada Carriles ofreció sus servicios a la Agencia Central de Inteligencia a mediados de los años 60 para espiar a una junta que coordinaría las actividades de al menos cuatro organizaciones de exiliados. Todo indica que cumplió por aquel entonces su misión.

Independientemente de la credibilidad que merezca la National Security Archives –cuyo director es invitado frecuente a programas de la TV oficial castrista- los documentos fueron, al parecer, producto de una desclasficación hecha por la CIA, y nadie hasta ahora ha cuestionado su autencidad.

De modo que, tomando en cuenta el espionaje de Carriles por cuenta de la CIA, y si sumamos a éste el que desde siempre ha ejercido en este mismo terreno la Oficina Federal de Investigaciones, así como la vigilancia de la Dirección de Inteligencia de Cuba mediante elementos como los de la conocida Red Avispa, hemos de concluir que las organizaciones del exilio han estado durante largo tiempo bajo la triple lupa de Langley, Quantico y Villa Marista.

No es de sorprenderse. En las décadas de 1960 y 1970, la casi totalidad de la actividad exiliada contra el régimen de La Habana se concentraba en la acción, entendiéndose por ésta la actividad violenta. Infiltraciones por mar en la isla así como acciones terroristas fuera de ella signaron en gran medida al movimiento anticastrista de esa época.

Me parecería lógico, pues, que los organismos encargados de velar por la seguridad nacional de Estados Unidos se mantuvieran atentos y pugnaran por penetrar esos grupos. La vigilancia internacional de los sabuesos castristas se da por descontada, y el régimen nunca ha ocultado su proceder en las filas del exilio.

Entre los años 80 y 90, sin embargo, la actividad contra el régimen de La Habana experimentó un importante desplazamiento, al expandirse en la isla una actividad disidente similar a la que existió durante mucho tiempo en otros países del bloque soviético.

Se trata de una actividad de oposición cívica pacífica, con ramificaciones y apoyos en el exterior, que el régimen castrista no estaba demasiado preparado para enfrentar, y que ha seguido creciendo hasta alcanzar actualmente la esfera virtual de Internet, donde campea por sus respetos. Los derechos humanos y las libertades civiles son el eje de su movilización. Sus armas son la palabra y la desobediencia civil, y no las bombas.

No me cabe duda, a juzgar por los “agentes infiltrados” que salieron a flote en el 2003, durante el proceso judicial contra decenas de periodistas independientes cubanos, que la inteligencia comunista no ha cesado de penetrar a los grupos disidentes en la isla y a sus contrapartes foráneas. ¿Estarán haciendo lo mismo los organismos de seguridad de países democráticos, incluso los de EEUU?

Buena pregunta. Pero si hace poco se verificó que factores de la inteligencia del gobierno español estuvieron involucrados en el caso que terminó con una purga en las altas esferas del gobierno cubano, no me extrañaría que la CIA, el FBI y otras agencias sigan vigilando las actividades de la oposición anticastrista dentro y fuera de Cuba.

Sería algo ominoso, desde la perspectiva de una Cuba democrática en el futuro. Como dicen en inglés: “Food for thought”.


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