Centro Tampa

Centro Tampa > Blogs


Prodigios de la memoria

Published: July 09, 2008

Photobucket
Ayer maravilla fui… Lo que queda de una fonda preciosa de La Habana Vieja.
No soy uno de esos nostálgicos. No añoro palmeras ni puestas de sol, ni mucho menos me engaño con aquello de que “no hay cielo más azul que el de Cuba” ni “playa más linda que Varadero”.
Caramba, con las muchas vueltas que he dado por el mundo estoy convencido a estas alturas de que la belleza se repartió bastante bien por el planeta. Cielos hermosos los hay en muchas partes, y en cuanto a playas, bueno, Varadero es excelente, pero hay otras en Puerto Rico y República Dominicana que no se quedan atrás.
En fin, que he descubierto otro lugar hermoso: el Mediterráneo. Para gustos, como dicen, se han hecho los colores.
Eso sí, la memoria tiene la virtud de embellecer aun los instantes y lugares más prosaicos, y la mía, a cada rato, se pone a vagar por La Habana Vieja.
¿Qué se va a hacer? No me crié allí, sino en el suburbano vecindario de La Víbora, pero mi familia –en particular mi abuela materna- solía llevarme a pasear de vez en cuando por esa zona antigua, amable y misteriosa de la ciudad.
“Vamos a La Habana”. Así me decía mi abuela cuando me preparaba para aquellas largas caminatas por las calles Galiano, San Rafael, Obispo, Aguiar y Empedrado. Curioseábamos, hacíamos compras y a ratos nos deteníamos en las estrechas aceras a saludar a algún conocido.
Inevitablemente, acabábamos por visitar La Moderna Poesía, una librería donde abundaban las obras infantiles ilustradas, o una vieja juguetería que se llamaba La Sección X. Había también por allí muchas cafeterías donde se podía mitigar la sed con una “champola” de guanábana o un cremoso batido de mamey.
Sin embargo, uno de los sitios de La Habana Vieja que recuerdo con más cariño (y apetito, debo decir) es la fonda La Maravilla. Era ésta un establecimiento relativamente pequeño pero muy limpio, con asépticos manteles blancos almidonados en cada mesa y atendido por camareros españoles, vestidos impecablemente de cuello y corbata.
La Maravilla estaba frente a la Iglesia del Cristo, una edificación más que centenaria, y cerca del parque donde se yergue el monumento al poeta Plácido, víctima de la llamada Conspiración de La Escalera, verdadera purga estalinista en plena era colonial, ahora que lo pienso.
La comida que servían allí era para chuparse los dedos. Todavía me acuerdo del entremés de productos españoles, con su jamón serrano, quesos grasientos y “magras” cortadas en finas rebanadas. Por no hablar de las frituras de seso rebosadas, menuditas, que se disolvían en la boca no bien tocaban el paladar, y cuyo sabor realzábamos con unas discretas gotitas del limón.
(Años después, en Sevilla, y a riesgo de contraer el Mal de la Vaca Loca, pude comer un platillo semejante en una tasca cerca del barrio de Santa Cruz, pero ésa es otra historia).
¿Y por qué traigo todo esto a colación? No es por nostalgia ni por añoranza. No pretendo volver a ser niño ni resucitar a mi abuelita del alma. De sobra sé también que el tiempo hubiera dado al traste con muchas cosas en La Habana, aun antes que cualquier revolución.
De no haber mediado Fidel Castro y sus ultrajes, lo más probable es que La Maravilla hubiera cedido paso a un McDonald’s, un Burger King o a quién sabe qué otro engendro del capitalismo desbocado. En todo caso, esa fonda no era eterna, como no lo soy yo tampoco.
El hecho es que hace poco me topé con la fotografía que ven arriba. Es apenas un detalle, el letrero del restaurante en la fachada de un edificio que ahora, como antes, no sólo albergó a aquella fonda, sino también cierto número de humildes hogares.
Sobrevivió el nombre, el anuncio… nada más. De niño, nunca me fijé en los balcones que ahora puedo ver en la foto, como estampa cruel de la miseria en que viven los habaneros de estos tiempos. Seguramente pocos recuerdan ya que en los bajos se servían las mejores frituras de seso de Cuba. ¡Qué maravilla es la memoria!


Reader Comments

Post a comment

(Requires free registration.)


ADVERTISEMENT

Advertise With Us:
Online | In Print | Broadcast