
Published: November 18, 2009
Pánfilo, el borracho simpático que se convirtió en una causa célebre cuando pidió “jama” al régimen del Dictador Agonizante, ha vuelto a salir a la luz en un video trasmitido recientemente por America TV.
Es comprensible el interés noticioso de Pánfilo. Pocos se atreven a gritar en Cuba, ebrios o sobrios, su descontento con la tiranía castrista, ni mucho menos proclamar el hambre que padecen en la isla. De modo que el primer video de Pánfilo surtió el efecto viral previsible en Internet. La ola de solidaridad no se hizo esperar y esto le protegió de un destino semejante al de algunos disidentes que se pudren en las cárceles. Fue a parar a un manicomio, del cual salió por lo visto recientemente.
Pero el video trasmitido por America TV en el programa A Mano Limpia -que me abstengo de colgar aquí, por no ofender- no es la entrevista profesional que todos hubiéramos esperado de un periodista. Se trata de un video tomado obviamente por una aficionada que, después de ofrecerle a Pánfilo el alcohol del que seguramente debe alejarse, grabó todas sus invectivas e insultos contra los Castro así como los presuntos planes que tiene de abandonar el país clandestinamente.
Esto, además de grosero y antiético, resulta sumamente irresponsable. Hasta ahora, la suerte de Pánfilo dependía sólo de la paciencia de un régimen que no ha mostrado piedad con sus adversarios. Ahora, sin embargo, su destino pende de un hilo colgado por una turista que no tuvo escrúpulos para emborracharlo y alentarle a decir cosas de las que, quizás sin alcohol en su sistema, hubiera preferido no decir.
Me atrevo a preguntarme desde esta modesta tribuna si hay derecho a manipular de esta manera a un ser humano, y si America TV remuneró a quien le proveyó este triste video. De ser así, creo que nadie deberá rasgarse las vestiduras si Pánfilo va a parar la cárcel. Sería una prisión injusta, como tantas, pero ciertamente posible de prevenir.
Los periodistas, como los médicos, se guían por un código. Manipular a los sujetos de una información mediante el alcohol u otros agentes disociadores, y además, alentarlos a hacer declaraciones en un estado de estupor se me antoja repulsivo y cruel.
Hace falta ahora una segunda ola de solidaridad para impedir que turistas llenos de codicia se aprovechen de este infeliz.
Reader Comments