
Published: May 19, 2009
Cuba cerró sus puertas al tráfico aéreo mexicano, tomando como pretexto la gripe porcina. Foto: AP
Todo el intercambio entre el Dictador Jubilado y varios sectores en México, desde el gobierno hasta políticos y medios informativos ha puesto de manifiesto nuevamente las grietas, normalmente invisibles, en las relaciones entre ambos países.
Se da normalmente por sentado que las relaciones entre el régimen castrista y los distintos gobiernos de México han sido, a lo largo de los años, tersas y ausentes de sobresaltos, cuando un simple vistazo a la historia puede deshacer ese criterio erróneo.
La realidad es que los sobresaltos se acentuaron desde que se rompió el monopolio del PRI sobre el poder político, pero siempre existieron, aunque no siempre se revelaran. Los encontronazos con Vicente Fox fueron fuertes y públicos, como todos recordarán, pero… ¿qué decir de la bronca diplomática de 1968, cuando el agregado de prensa mexicano fue expulsado de Cuba bajo acusaciones de trabajar para la CIA?
El Convaleciente en Jefe, sin embargo, parece haber tirado por la borda toda apariencia de respeto por la larga relación con México. Cerró las puertas a los aviones provenientes del País Azteca no bien cundió allí la gripe porcina. ¡Ni Estados Unidos hizo semejante cosa! ¿Esperaba acaso que Felipe Calderón no reaccionaría?
Por supuesto que sí. Sobre todo desde que empezó su romance con la Venezuela de Hugo Chávez, al Dictado Jubilado las relaciones con México se le han antojado prescindibles. Esa fraternidad del Tratado de Libre Comercio de América del Norte es una espina que le duele más de lo que algunos imaginan. ¿Se acuerdan de la vez que aseguró que los niños mexicanos conocían más al Pato Donald que a sus próceres?
México, además, se ofreció hace poco como interlocutor entre Cuba y EEUU, y es sabido que el Coma Andante no gusta mucho de esos buenos oficios.
Pero acusar a México de ocultar la epidemia de gripe para facilitar la visita de Barack Obama fue no sólo un paso en falso, sino una afirmación demasiado fácil de desmentir. Con lo que la maniobra se ha convertido en bumerán.
No sólo el gobierno del PAN ha reaccionado adversamente. También lo ha hecho la oposición de izquierda, y hasta la prensa tradicionalmente amistosa. Viejas querellas, rencillas y secretos han salido a flote. Y hoy por hoy, no es fácil para el Déspota Pensionado hallar simpatía en México, a no ser entre sus incondicionales y paniaguados.
Saludemos, pues, las últimas reflexiones del Convaleciente en Jefe (que a ratos parecen gritos dados en Twitter). Por lo menos sirvieron para impedir que la presidencia de México no se manchara con una visita a la prisión más grande del Caribe. Y esperemos que Jalisco no se raje.
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