
Published: June 21, 2008
Fotorealidad. En La Habana, el trato a los disidentes no ha cambiado. Foto: Archivo
Apenas 24 horas después de que la Unión Europea levantó las sanciones impuestas a Cuba hace cinco años tras las condenas impuestas a numerosos disidentes y periodistas independientes en la llamda Primavera Negra, el régimen respondió al magnánimo gesto con rotunda bofetada… muy merecida, por cierto.
No sólo detuvo de inmediato a siete disidentes –cuyo arresto puede achacarse ahora, sin temor a equivocaciones, a la UE y a los remilgos de que siempre hace gala- sino que descalificó sin contemplaciones la medida en una “reflexión” del Dictador Jubilado.
“Deseo consignar mi desprecio por la enorme hipocresía que encierra tal decisión”, tronó Fidel Castro.
Bien hecho. La aquiescencia europea con una tiranía de casi medio siglo no tiene paralelo, si se la compara con la enérgica actitud que ha exhibido frente a otros regímenes. ¿Por qué soprenderse de que un perro rabioso muerda la mano de quien le tiende un hueso?
El canciller español Miguel Angel Moratinos declaró el día mismo que se acordó levantar las sanciones que se habían impuesto “el sentido común y de futuro”. Ya ve: desde su cama de enfermo, con una bolsa de defecar al lado, el Coma Andante le ha dado una excelente lección de diplomacia.
España, gestora de toda esta cumbancha de la que por ahora son víctimas inmediatas los últimos disidentes arrestados arbitrariamente, debe hacer ahora un riguroso examen de conciencia. Debe analizar si era correcta la premisa sobre la que basó su magnanimidad -que Raúl Castro ha emprendido el camino de las reformas- tiene algún fundamento real o si se trata de un simple pretexto para seguir haciendo negocios en Cuba.
El incidente encierra, además, una segunda lección para los que del lado de Estados Unidos contemplan tales políticas de apaciguamiento: con el Dictador Jubilado no hay arreglo… ni aunque le sirvan manjares en bandeja de plata.
Reader Comments