
Published: October 04, 2009
Acabo de ver fragmentos de un video tomado en una fiesta donde el ex vicepresidente cubano Carlos Lage y el ex canciller Felipe Pérez Roque aprenden, con poco éxito, a bailar el reguetón. La misma fiesta donde se mofaron del Dictador Jubilado, algo que acabó por costarles sus puestos y amargarles las vidas por largo rato.
‘Perreando’: El ‘motivito’ que tan caro les costó.
Nada de extraordinario contiene el video, que supuestamente fue exhibido en toda la isla a la militancia del Partido Comunista, como prueba fehaciente de los profundos “errores” en que incurrieron los ex funcionarios. Las partes trasmitidas en un programa de la TV de Miami no muestran, por cierto, una exagerada ostentación ni conductas que puedan calificarse de desordenadas, aun bajo la óptica de la ortodoxia comunista.
A simple vista, se trata de una fiestecita de las que suceden casi a diario en la casa de cualquier cubano “mediopelo” en Hialeah o Westchester. No se aprecian mucamas uniformadas ni lacayos de librea pasando fuentes cargadas de golosinas. Apenas unos traguitos y unos segundos de “perreo”. ¿Por qué tanto revuelo?
Porque en La Habana de los tiempos que corren, donde el ciudadano de a pie clama por “jama” y se moviliza en “camellos” un sarao semejante se destaca en medio de la miseria y la desperanza generalizadas. Y, sobre todo, porque el buen humor de Lage y Pérez Roque al referirse al Tirano Convaleciente, resultaba sintomático de una jerarquía quebrada y enferma.
Alguien ha pronosticado que ninguno de los dos funcionarios depuestos levantará cabeza en el futuro. El Cubanazo sube la parada y hace un pronóstico más trágico: les cortarán inevitablemente las cabezas cuando el mundo aparte la vista de ellos.
Ni Fidel Castro ni su camarilla pueden darse el lujo de tener a sus espaldas una reserva de ex funcionarios desafectos y amargados que en un momento dado puedan querer adquirir protagonismo y, sobre todo, tomar las riendas del poder. Lage y Pérez Roque tienen las horas -y quizás lo minutos- contados. Recuerden: lo leyeron aquí.
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