Ingresar | Haz CENTROtampa.com tu Página de Inicio | Subscríbete a Nuestro Periódico | Anúnciate en Nuestra Página

Noticias


El cardenal y el general

Published: May 04, 2010

Muy bien por el cardenal Jaime Ortega. Parece que consiguió -al menos según él- que el dictador suplente diera el alto a las turbas que hostigaban cada domingo, a la salida de la iglesia de Santa Rita, a las Damas de Blanco, impidiéndoles su silencioso desfile por la Quinta Avenida de Miramar. La medida de “respeto”, de acuerdo con Ortega, durará al menos durante el mes de mayo. ¿Por qué? No lo explicó. ¿Será porque es el mes en que se conmemora del Día de las Madres? ¿O porque es el mes de las flores? Imposible saber.

Lo que sí sabemos es que, inmediatamente después de comunicar a la prensa internacional algunos detalles de su gestión ante el régimen en favor de las Damas de Blanco, Ortega pidió al disidente Guillermo Fariñas que deponga su huelga de hambre. Parece que la ola de desobediencia civil ha tocado hondo; de otra forma no se explica que el dictador suplente o su hermano, el jubilado, le permitieran a Ortega alzarse con esta pequeña victoria. Pero no les quedó otro remedio, parece, que sacrificar una pieza (no sé cuál), para mejorar de alguna manera su maltrecha imagen pública.

¿Qué puede haber detrás del inusitado paso del régimen de aceptar hacer una concesión a instancias de una figura pública religiosa? Es imposible saber; sólo conjeturar. El cardenal no debe tener motivos aviesos, aparte de extender la influencia de la Iglesia Católica en materia de política pública. Que pida a alguien que no sacrifique su vida me parece del todo coherente con su misión de pastor. Pero más allá de los gestos públicos -eclesiásticos y gubernamentales- se mueve otra tramoya.

Con anterioridad, en un escrito divulgado por una revista de la Iglesia, Ortega hizo eco de una patraña castrista -es justo señalarlo- cuando se refirió a la “violencia mediática” supuestamente desatada en el mundo e igualó las protestas contra ciertos artistas en Miami con los pogromos de la turbas comunistas en La Habana. No sé a ustedes, pero esto se me antojó como prestar la credibilidad de la púrpura a las falacias ´con que el régimen lleva tratándose de justificar hace mucho tiempo. Ni existe la tal “violencia mediática” ni las protestas contra Juanes y los Van Van pueden remotamente compararse con los actos de acoso y agresión llevados a cabo con apoyo oficial contra las Damas de Blanco y otros disidentes. Ya lo ven: bastó una simple petición de Ortega y súbitamente ese “pueblo” embravecido y soez no molestó más a las señoras con gladiolos.

Sólo el tiempo -corto o largo- dirá si Ortega jugó un papel inconsciente en una nueva trama del régimen contra la oposición interna, o si su gestión redundó en el beneficio a largo plazo de la causa de la democracia. Ojalá no tenga que arrepentirse ni hacer penitencia.


Reader Comments

Post a comment

(Requires free registration.)