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Dejen a las familias en paz

Published: July 01, 2008

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Viajeros preparan sus maletas para el viaje a Cuba, en el aeropuerto de Miami.

El gobierno estatal de la Florida cree que se ha anotado un buen tanto con los cubanos al imponer fuertes medidas a las firmas que tramitan viajes y envíos de remesas a Cuba.
El representante David Rivera parece haber sido quien encabezó este esfuerzo de dudoso valor y resultados que ciertamente no van a agradar a muchos de los cubanos con familiares en la isla.
Si las medidas del presidente George W. Bush limitando los viajes y las remesas han demostrado ser impopulares, ¿qué podrá decirse de una ley que obliga a las agencias de viajes y remesas a depositar garantías de hasta $250,000 y reportar su volumen de negocios periódicamente?
Cualquiera que conozca el ABC de los negocios sabe que se trata de un costo que las empresas pasarán a los consumidores, ni más ni menos. Si algunas firmas quiebran o cierran, el monopolio se impondrá en el sector, y de nuevo serán los consumidores, es decir, los cubano-estadounidenses, quienes saldrán perdiendo.
Raúl Castro es tonto, con toda la astucia que algunos le atribuyen. Si quisiera provocarle un caos a Washington, le bastaría con liberalizar los viajes del lado suyo. Con decretar un día que los cubanos de todo el mundo pueden viajar a la isla con el pasaporte que quieran y sin necesitar una “visa” para entrar a su país, algunos aeropuertos de Estados Unidos no darían abasto, y el relajo sería colosal.
Pero de momento, Rivera y otros como él, se empeñan en legislar en un tema que para la mayoría tiene más que ver con el corazón que con la política. ¿Para qué pisar ese terreno tan movedizo?
Para impedir que las visitas familiares a Cuba se conviertan en turismo desbocado bastan las leyes del mercado. La verdad es que, aunque uno tenga entera libertad de viajar todo el año, lo cierto es que lo hace cada vez que el bolsillo se lo permite.
Aun así, incluso si algunos exiliados de poca memoria y vergüenza se pasaran la mitad del año en la isla alardeando de su ropa y su moneda fuerte entre sus desdichados compatriotas, ¿a quién perjudica eso más?
Ciertamente, en un país donde el salario promedio apenas alcanza para malvivir, y donde para tener ropa decente algunos hasta se prostituyen, una avalancha de cubanos del exterior se me antoja un instrumento desmoralizador extraordinario. Puede que el régimen castrista obtenga ganancias, pero el impacto social va a ser demoledor incluso a mediano plazo.
De manera que la ley impulsada por Rivera y firmada por el gobernador Charlie Crist no puede ser más desafortunada, aun si viniera cargada de buenas intenciones.
Si el fin del régimen no está a la vista, mejor que los políticos dejen a las familias en paz. Así van a tener más votos. Se los dice El Cubanazo.


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