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¿Cuántos Juanes son, dos o tres?

Published: August 11, 2009

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¿Saldrá indemne?

“Tengo la camisa negra
porque negra tengo el alma;
yo por ti perdí la calma
y casi pierdo hasta mi cama”.

¿Qué les parece esta joya de la poesía contemporánea? ¿Quieren más?

“Cama cama c’mon baby,
te digo con disimulo,
que tengo la camisa negra
y debajo tengo el difunto”.

Poco faltó para que la rima fuera pornográfica, if you know what I mean. Las estrofas que acabo de citar corresponden a la canción titulada muy predeciblemente… ¡La Camisa Negra! Hace tiempo que bromeo cada vez que alguien menciona el nombre de su autor. “¿Juanes?”, pregunto siempre. “¿Es dúo, trío o cuarteto?”.

La verdad que eso de llamarse en plural cuando uno canta solo se me antoja delirio de grandeza; pero en estos tiempos de reguetón y estrellato-por-puro-márketing no hay que delirar demasiado. Basta con ser una rubia de sabrosa silueta o un versificador mediocre para conquistar un lugar entre los astros.

Y así, Juan Esteban Aristizábal Vásquez, el de la camisa negra, más conocido por “Juanes”, no sólo se ha convertido en una luminaria de la canción, sino que también aspira ahora a convertirse en emisario de la fraternidad humana.

El año pasado, Juan reunió a un grupo de artistas –algunos merecidamente mejores que él, debo decir- para un “concierto por la paz” que se realizó ante una enorme audiencia en la frontera entre Venezuela y Colombia. La paz nunca es mala idea, pero jamás nace de las conciencias débiles.

¿Acaso se podía pactar con Hitler? ¿O con Mussolini? ¿O con Hirohito? ¿O –más cerca de casa- vale siquiera la pena pedir la paz a una cuadrilla de delincuentes y asesinos como las FARC? ¿O, si se quiere, a ese aprendiz de caudillo que se llama Hugo Chávez?

Un año después de aquel concierto, las cosas siguen igual o peor entre Venezuela y Colombia. Así que el cantor de la camisa negra –o sus relacionistas públicos- decidieron que era momento de hacer otro concierto inútil en un escenario bélico del mundo. Escogió a Cuba, no sé por qué, pero me lo imagino.

En Cuba no hay una guerra; lo que impera es la paz de los sepulcros. Pero la sola mención de celebrar un concierto en esa isla atenazada por un dictador moribundo y un embargo económico de casi medio siglo provoca reverberaciones agudas en Miami, donde está la base de operaciones de cualquier artista latino… y también cientos de miles de exiliados cubanos.

Debo concluir que Juanes, además de plantar bandera pacifista, aspiraba a un poco de name-recognition. Si es así, lo ha logrado, pero bajo un signo adverso. Cantar gratis en La Habana no es buena idea para quienes quieren cobrar un dineral en las taquillas miamenses. Ahora, ha acudido a los medios para explicarse, pero no creo que vaya a servirle de mucho.

Hablando en Univisión, Juanes declaró que iba a cantar en la Plaza de la Revolución, donde mismo había “tocado” –¡sí, así dijo!- el Papa, y donde se halla un monumento al patriota cubano José Martí. Se olvidó decir que ha sido la tribuna preferida del Dictador Jubilado, pero el cantor pacifista tiene, por lo visto, una memoria selectiva. O no sabe ni dónde está parado, que es peor.

En todo caso, veremos si la imagen del cantante de la camisa negra sale indemne de esta solemne metedura de pata. Y si los exiliados, al perder la calma, realzan su imagen de trogloditas. Lo que sí podemos pronosticar es que este concierto habanero tendrá las mismas consecuencias que tuvo el anterior, es decir, ninguna. Sólo el régimen castrista obtendrá un rédito de este evento.


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