
Published: August 08, 2009
Asunto de alta política.
Desde hace tiempo, en Cuba el papel higiénico tiene una sola marca: Granma. Las páginas del ilustre órgano oficial del Comité Central del Partido Comunista de Cuba cumplen esa función en los baños cubanos desde que la costumbre de limpiarse el trasero con un material más sano y benigno fue desterrada para siempre por esa ola de progreso que trajo la revolución castrista a la isla. Pregúntenle a cualquiera que haya visitado a sus familiares en Cuba; le dirá lo mismo.
No cabe duda que hay algo de justicia poética en esta penuria que los cubanos deben sufrir casi a diario, si no son estreñidos. A fin de cuentas, las caras y las palabras impresas en Granma valen menos que el papel en que se imprime ese diario.
Lo sorprendente es que el régimen del Dictador Jubilado haya anunciado sólo ahora que habrá escasez de papel higiénico en los próximos meses, previendo un funcionario que “a final de año entre una importación importante de papel sanitario para que verdaderamente podamos suplir esta demanda que hoy presenta problemas y se va a incrementar a raíz de la situación de la materia prima”. La realidad es que los cubanos hace décadas que carecen de esta olvidada, pero indispensable, mercancía. ¿De dónde sacan que ha empezado a escasear algo que se perdió de los anaqueles hace demasiado tiempo?
En todo caso, en estos momentos en que algunos se quejan aquí de que el gobierno de Barack Obama quiere entrometerse en su atención médica, es bueno recordar -sin que una cosa tenga que ver con otra- las terribles consecuencias de que el Estado plante bandera en nuestras vidas, enseñoreándose de zonas que debieran estarles vedadas.
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