
Published: August 16, 2009
Concertistas: Todos para uno y...
Un medio oficial cubano ha afirmado que quienes critican el concierto que el cantante Juanes se propone dar en Cuba “rayan en la demencia”.
Bueno, yo me atrevería a decir que quienes se aferran y defienden con los dientes un modelo de socialismo caduco que desde hace medio siglo mantiene a los ciudadanos cubanos en la miseria y la opresión son más dementes aún. Pero ésa es sólo mi humilde opinión.
No es que quiera trazar ese signo de igualdad, tan al uso en estos tiempos, entre los “extremistas” de la isla y el exilio. En todas partes hay extremistas y gritones, por supuesto. Pero el castrismo es, por definición, el más extremo de los extremos. Para empezar, encarcela y fusila a quienes disienten de él. En comparación, cualquier “furibundo” de la Calle Ocho se me antoja bastante inofensivo. Al menos, tengo un buen par de recursos para protegerme de él: lo ignoro olímpicamente o llamo a la policía.
Y ya que hablamos de disentir, creo que ya es hora de decir que quemar discos de Juanes o camisas negras en la esquina del restaurante Versailles no va a conducir a ninguna parte. Las únicas consecuencias van a ser el olor a chamusquina y el tufo a fascismo rancio que tantos nos atribuyen.
Que me disculpe la gente de Vigilia Mambisa, pero hay mejores formas de manifestar descontento… y hasta más cómodas. Aunque quemar objetos en la vía pública es una forma legítima de protesta, ¿por qué no le damos un poco de trabajo al cartero y le enviamos de regreso a Juanes, por correo, los discos que hayamos comprado de él?
Ahora que se me ocurre, no comprar más sus discos o no acudir a sus conciertos serían buenas formas de protestar también, y yo diría que más efectivas. Porque no hay algo que guste más a estos artistas “progres” que la plata contante y sonante, y si es en dólares, mejor.
Años ha, cuando el Dictador Jubilado no estaba de por medio, a Cuba acudían artistas latinoamericanos de todo pelaje. Desde Pedro Vargas y Jorge Negrete hasta Lucho Gatica y Alfonso Arau, se presentaban en la TV y los teatros sin más alboroto que el que causaban sus admiradores.
A Dios le pido, citando a Juanes, que alguna vez vuelva a ser así.
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