
Published: August 06, 2009
Amigos: El Cubanazo cede su espacio hoy al talento de otra bloguera, Yoani Sánchez, quien desde La Habana muestra el lugar de los hechos, 15 años después, en este video (arriba) y este texto:
Esta es breve filmación de los lugares donde hace quince años ocurrió el estallido social conocido como el “maleconazo”.
Hoy me he paseado por la avenida costera y por la zona del embarcadero de la lancha que va a Regla.
Vi algunos corresponsales extranjeros haciendo entrevistas, el muro frente al mar extrañamente vacio y policías apostados por todas partes.
Las mismas calles y sin embargo ahora los rostros de la gente parecen menos convencidos -que aquella vez- de que acerca el final.
Published: August 05, 2009
No fue la primera protesta ni será la última.
Tanto en Cuba como fuera de ella algunos se disponen a recordar hoy, 5 de agosto, el 15º aniversario del llamado “Maleconazo”, es decir, la revuelta callejera que se produjo en 1994 en el conocido paseo que bordea la Bahía de La Habana.
Gritos pidiendo libertad, piedras lanzadas contra establecimientos turísticos, cientos, quizás 1,000 manifestantes, y por supuesto, la acción de la brigadas de “respuesta rápida” del régimen, pateando y vapuleando a ciudadanos indefensos que fueron luego conducidos a camiones de la policía.
Un plumífero castrista, el poeta Roberto Fernández Retamar, hizo hace poco un recuento de esos hechos para la prensa oficial cubana en que relató que incluso el ahora Dictador Jubilado se hizo presente en el sitio. Por supuesto, el éxodo de balseros no se hizo esperar. ¡El régimen es tan previsible!
Pero un artículo publicado por El Nuevo Herald, de Miami (http://www.elnuevoherald.com/ultimas-noticias/story/511936.html), se equivoca al afirmar que “nunca en la historia cubana posterior a 1959 se había producido una manifestación de descontento popular de tal magnitud y resonancia internacional”.
La historia desmiente esto claramente. En abril de 1980 se produjo un hecho semejante, pero de mucha más magnitud, que abarcó una zona más amplia de La Habana, cuando casi 11,000 personas entraron y pidieron asilo en la embajada de Perú. Algunos bautizaron por aquel entonces ese suceso como la “Protesta de La Habana”, y no se equivocaron. Los mismos gritos de libertad se escucharon entonces, y también llovieron las piedras y, con los “actos de repudio” la represión más terrible se arrojó sobre la capital cubana y otras partes del país.
No es por ningunear a los manifestantes del Malecón. Les sobró valentía y se pronunciaron por los mismos principios. Pero El Cubanazo fue uno de los asilados en la embajada peruana y por eso no puede dejar pasar esta afirmación errónea sin un oportuno correctivo.
Eso sí, el pueblo cubano no ha dejado de llevar su descontento a la arena pública desde los inicios mismos del régimen. Algunos recordarán las protestas callejeras y “cacerolazos” que se produjeron en la ciudad de Cárdenas en 1962, a raíz de la institución del racionamiento, y que obligó a algunos altos jerarcas del régimen a acudir al lugar, lo mismo que hizo Castro en el 94.
De cualquier manera, el video que cuelgo aquí, cortesía de YouTube, es un buen recordatorio de los sucesos del Malecón habanero, hace 15 años.
Published: August 02, 2009
Presidente por la gracia de la ‘forifai’.
El Dictador Suplente clausuró la última sesión de lo que, con toda seriedad, las agencias de prensa internacionales llaman “el parlamento cubano”. Debieran decir Asamblea Nacional del Poder Popular, que es no lo mismo ni, por supuesto, se escribe igual.
En los parlamentos, como sabemos, se discute, se polemiza, se está en acuerdo o en desacuerdo, en fin, se parlamenta, como indica el término. Pero en asambleas como las que preside Ricardo Alarcón todos coinciden, a fin de cuentas. Es uno de los ejercicios más tontos que se conocen, pero un montón de periodistas se empeñan en compararlo semánticamente con el Congreso de Estados Unidos o las Cortes españolas. Qué disparate.
Pero déjenme seguir contándoles.
El Déspota Interino declaró solemnemente al clausurar en La Habana la última sesión de la Asamblea Aprobadora y Unánime que “a mí no me eligieron presidente para restaurar el capitalismo en Cuba ni para entregar la revolución; fui elegido para defender, mantener y continuar perfeccionado el socialismo”.
Quizás se creyó obligado a decir todo esto porque rato antes había anunciado unos recortes a programas sociales considerados sacrosantos por los hagiógrafos del sistema castrista: la educación y la salud. ¿Nunca ha oído decir alguna vez a un rojillo que “en Cuba puede que no haya ciertas libertades, pero todos pueden ir al colegio y al médico sin pagar”?
Pues sí, rato antes el Tirano Sustituto había dicho que “los gastos en la esfera social deben estar en consonancia con las posibilidades reales, y ello impone suprimir aquellos de que es posible prescindir; pueden tratarse de actividades beneficiosas y hasta loables, pero simplemente no están al alcance de la economía”.
Caramba, son frases que parecen sacadas de un manual de neoliberalismo; conceptos que, de haberse tomado en cuenta décadas antes, hubieran salvado al país del abismo económico en que se encuentra. ¿Será que se va a acabar la tan cacareada medicina gratuita? Pero, ¿a quién le interesa eso? El Dictador Suplente se adelanta a curarse en salud de cualquier crítica por el flanco izquierdo, alegando que no le eligieron para restaurar el capitalismo.
¿Y saben qué? Para empezar, tiene toda la razón, porque nadie le eligió. Ni para restaurar el capitalismo ni para nada. Sólo tomó el poder, como sabemos, a pura punta de pistola.
Published: July 31, 2009
El doctor José Greer, ganador de la Medalla de la Libertad.
Por Manuel Ballagas
Hay razón para celebrar por partida doble con el anuncio de que el doctor Pedro José Greer ha sido honrado con la Medalla de la Libertad por el presidente de Estados Unidos.
Digo doble, porque el Dr. Greer no es sólo de origen cubano, sino irlandés, y es justo que ambas comunidades se enorgullezcan de que uno de los suyos obtenga un merecido reconocimiento a sus labores.
La historia personal de Greer es ciertamente una muestra de lo estrechos que eran los vínculos entre los cubanos de Estados Unidos y de la isla cuando el régimen castrista no estaba de por medio.
¿Se acuerdan de la época en que cualquier tío que vivía en Tampa se montaba en un avión y en menos de media hora estaba tocando a la puerta de su familia en La Habana? ¿O del rápido viajecito por Aerovías Q que dejaba a un cubano en Cayo Hueso en cuestión de 20 minutos, listo para acudir a la casa de un pariente en la Florida?
No había entonces embargo ni limitaciones, es verdad… pero tampoco había un Dictador Jubilado entrometido en las relaciones familiares.
La historia personal del Dr. Greer es un testimonio de aquellos tiempos felices. Su madre se hallaba embarazada cuando decidió viajar a la Florida para participar en una fiesta de cumpleaños familiar. Corría el año 1956 y el futuro médico nació durante ese viaje.
Cuatro años más tarde, la ciudadanía estadounidense de aquel niño facilitó la salida de toda la familia, ya instalado el régimen comunista en la isla.
El tatarabuelo del Dr. Greer, de origen irlandés, se trasladó a Cuba durante la Guerra Hispano-Cubana-Americana y echó raíces allí al casarse y fundar una familia en la isla. Lo demás, como dicen, es historia.
El Dr. Greer, siguiendo los pasos de su padre, estudió medicina. Y fue en 1984, durante su internado en el Jackson Memorial Hospital de Miami, que tropezó con su vocación de servicio al prójimo.
Allí se dio de bruces con una de las realidades más dolorosas de nuestro tiempo: el desamparo. Un paciente anónimo, identificado sólo por el número de su cama, tocó la sensibilidad humana de Greer, más allá de su pasión por la medicina.
El paciente era un hombre desamparado y moribundo, enfermo de tuberculosis, cuyo nombre el doctor Greer jamás pudo conocer, para proveerle la compañía de un familiar en sus últimos días.
Ese mismo año, nació la idea del Dr, Greer de crear el Camillus House Concern, una clínica que ofrece albergue y servicios médicos a los desamparados en el mismo corazón del downtown de Miami. Desde entonces, por los locales de la entidad han pasado miles de infelices sin techo; Greer y su organización han sido honrados también en muchas ocasiones por esta labor, incluso por el Vaticano.
Así que celebremos, cubanos e irlandeses, con ron o con whisky. Todos compartimos hoy la dicha del Dr. Greer.
Published: July 29, 2009
Jesse Ríos, de los muchos amigos pintores que tengo y he tenido, falleció el pasado 25 de juliio en Miami. Leo el obituario publicado por El Nuevo Herald (http://www.elnuevoherald.com/noticias/sur-de-la-florida/story/507477.html), pero pierdo enseguida el interés. ¡Qué poco escudriñan los reporteros de estos tiempos en la realidad que investigan y reflejan! Y luego se quejan de que nadie quiere leer periódicos.
Esta es la verdadera y novelesca historia de Jesse, a quien me precio de haber conocido desde Cuba, y haber renovado nuestra amistad luego en Estados Unidos:
En efecto, Jesse Ríos nació en Tampa en 1948, como dice el artículo. Su padre, un cubano veterano de la Segunda Guerra Mundial, se había establecido aquí y fundado una familia de recursos modestos. Como muchos cubanos emigrados de entonces, prefería Tampa a Miami o Nueva York. Todo hubiera seguido un rumbo predecible para esta familia de no ser por un golpe de suerte… mala o buena, ustedes decidan.
El padre de Jesse, que jugaba a la lotería cubana todas las semanas, como era costumbre en esta ciudad, se ganó el premio gordo el día menos pensado. Como 100,000 pesos de la época, equivalentes entonces a US$93,000. Sin pensarlo, empacó todas sus cosas y, en compañía de su esposa e hijos, regresó a La Habana, donde hubiera sido próspero y feliz de no ser por otro giro del destino: el triunfo de la revolución castrista.
A partir de entonces, como pasó en muchos hogares, la familia se dividió. Jesse Ríos quedó atrás, en Cuba, mientras el resto de su familia se establecía en Miami.
Haber nacido en Estados Unidos parecería lo que llaman un no brainer para ser ciudadano estadounidense. Pero en la Cuba de Castro el trámite más sencillo cobra proporciones surrealistas. Y cuando en la década del 70 Jesse reclamó su ciudadanía estadounidense, las autoridades castristas le denegaron el estatus de doble nacionalidad, alegando que debió reclamar la ciudadanía al momento de cumplir la mayoría de edad. Así, con pasaporte estadounidense en el bolsillo, Jesse insistía en que era americano, mientras el régimen le trataba como un súbdito.
No fue hasta fines de los 80, quién sabe por qué giro de las relaciones bilaterales, que un día se presentó un agente migratorio en su casa de La Habana y le preguntó a Jesse si todavía quería marcharse a Miami, cosa a la que accedió con todo gusto. Había, eso sí, una condición: Tendría que salir de Cuba usando el pasaporte cubano. Jesse accedió.
Al llegar al Aeropuerto de Miami, sin embargo, Jesse guardó el pasaporte de esclavo y presentó el que le permitía entrar en su país de nacimiento. El empleado de inmigración que revisó el documento se mostró curioso al leer que había sido expedido en La Habana.
“¿Cuánto tiempo ha residido fuera de Estados Unidos?”, le preguntó al pintor que emigraba.,
“Toda mi vida”, contestó él, casi a punto de empezar su nueva vida.
Published: July 29, 2009
Hace poco, en un gesto interpretado como conciliador, la Sección de Intereses de Estados Unidos en La Habana decidió apagar la pantalla luminosa continua con que emitía mensajes a la población cubana desde uno de los pisos de su edificio en el Malecón de la capital cubana.
Debe decirse que no eran mensajes incitantes ni en modo alguno lesivos a la dignidad nacional de nadie. Pero en Cuba una simple cita de la Declaración Universal de Derechos Humanos puede resultar subversiva y la sola mención pública del nombre de un preso de conciencia es impensable para un régimen que se ceba en el silencio de sus ciudadanos.
En respuesta a esta pequeña antorcha de verdades que hacía más visible su tenebrosa tramolla de mentiras y calumnias, el régimen castrista optó por levantar “un monte de banderas” negras, en supuesto luto por las “terribles” acciones de Washington contra la isla.
En aras de un posible diálogo con la cúpula del manicomio cubano y para dar muestras de distensión, la nueva administración estadounidense decidió apagar definitivamente su letrero lumínico, calificándolo de “inefectivo”. Quizás el gobierno de Barack Obama esperaba una respuesta proporcional a este gesto, pero si de ser así, se equivocó de tomo a lomo.
Nada envalentona más a una bestia o a un gángster que la percibida debilidad de su presa o su adversario.
Ayer mismo, un funcionario cubano, consultado por una agencia de prensa, informó que su “monte de banderas” seguiría en su sitio, acallando así los rumores de que las banderas negras se habían arriado en una respuesta conciliadora hacia Washington.Nada de eso. Las banderas negras volverían a su sitio, después de haber sido bajadas en previsión de un “mal tiempo”.
El funcionario explicó que el luto del régimen es permanente, y que las banderas negras seguirán en la “Tribuna Antiimperialista” hasta que –según el habla popular cubana- el manco eche dedos.
¿Qué les dice esto?
Published: July 26, 2009
Cincuenta y seis años después del ataque a un cuartel que históricamente significó el inicio de la lucha armada contra el gobierno de Fulgencio Batista, la revolución que lo derrocó parece empantanada en los mismos métodos con que fue lanzada.
Nadie esperaba algún beneficio del asalto al Cuartel Moncada aquel 26 de julio de 1953. No había lo que hoy se llamaría un “Plan B” en caso de que la acción armada, ni Fidel Castro –su líder- se molestó en concebirlo. La idea era tomar el cuartel y llamar a la población a tomar las armas y derrocar el gobierno. Como dirían en inglés: Fat chance.
El ataque al Cuartel Moncada tuvo un saldo de decenas de insurgentes y soldados gubernamentales muertos, así como numerosos heridos. Pero el objetivo aparente del plan trazado por Castro –que convenientemente llegó “tarde” al sitio- no se cumplió. Los atacantes no ocuparon el cuartel y la ciudadanía no se alzó contra el gobierno.
Eso sí, Castro alcanzó una meta de la que nunca habló a los confabulados. De golpe, se convirtió, de gangstercillo estudiantil, en un líder revolucionario visible y viable. La posterior divulgación de su alegato de defensa, cuya frase final fue copiada de un texto de Adolfo Hitler, siguió los mismo rumbos de relaciones públicas.
Pese a que el alegato en cuestión, hecho a título propio, no rebasaba siquiera una página, la magia de su pluma lo convirtió después en un folletito donde apostrofaba contra las “atrocidades” del régimen batistiano, prometiendo villas y castillas democráticas si la revolución triunfaba.
Puras fantasías, como ven.
Más de medio siglo después, Raúl Castro, otro de los complotados en las acciones armadas del 53, de nuevo hace promesas a los cubanos. Esta vez, no para derrocar a un régimen autoritario, sino para enfrentar la crisis económica interna, que sumada las penurias globales, hace estragos en una isla sumida en la desesperanza.
¿Su letanía? Repartir tierras ociosas para resolver las necesidades alimentarias de la población. Según el Dictador Sustituto, faltan brazos para cultivar esos terrenos que la indolencia del régimen comunista relegó al olvido mientras la población cubana carecía de viandas y legumbres.
¿No fue una reforma agraria la que prometió el ahora Dictador Jubilado en su alegato La Historia me Absolverá? Pues bien, parece que muchos años después todavía no había cumplido su promesa, ocupado que estaba en afianzar su nexos con las sociedades totalitarias del Este, fomentar la subversión en Latinoamérica y librar guerras en Africa por cuenta de la Unión Soviética.
Ahora, sin embargo, no parece haber suficientes cubanos dispuestos a tomar el arado para cultivar las tierras que se les pretende otorgar en usufructo. Unos 82,000 se han apuntado al plan, abarcando sólo el 40% de las tierras ociosas en poder del gobierno.
¿Será lo necesario para cubrir las urgentes necesidades de la isla o deberá Cuba seguir importando, como hasta ahora, el 80% de sus alimentos? ¿No habrá, de nuevo, un “Plan B”?
Ciertamente, lo dicho por el Tirano de Reemplazo en su discurso del 26 de julio no es buen augurio para los infelices cubanos. Al menos, reconoció que todos los problemas que padece el país no son atribuibles al “imperialismo”; pero no admitió lo que parece ser ahora un secreto a voces: que la mayoría de las penurias que aquejan a Cuba se deben a su régimen despótico, indolente e ineficaz.
Entre tanto, se avecina un verano largo y caliente. Veremos qué pasa.
Published: July 24, 2009
What we have here is a failure to communicate.
La famosa frase de la película Cool Hand Luke es fácilmente aplicable a la política declarada del gobierno de Barack Obama hacia Cuba.
Por más que negó reiteradas veces durante su campaña que tuviera intención de levantar el embargo a la isla, y por más que su secretaria de Estado, Hillary Clinton, ha expresado en más de una ocasión que impulsar a Cuba hacia un sistema democrático es el objetivo político de la administración, todavía hay quienes aseguran que el nuevo inquilino de la Casa Blanca se propone abrir las puertas de par en par al comercio con la isla.
Obama no ha hecho otra cosa que cumplir lo único que prometió en su campaña con relación a Cuba: flexibilizar la política sobre los viajes de los cubano-estadounidenses y el envío de remesas a Cuba.
Esto no ha sido obstáculo para que todo el entramado de lobistas e intereses de negocios continúen volcando todas sus esperanzas en un presidente cuyas declaraciones públicas y cuyas medidas, hasta ahora, no dan a entender que se proponga liquidar los pocos retazos que todavía subsisten del embargo.
Todo esto me vino a la mente al enterarme de que una delegación tampeña de 12 miembros, incluyendo a un funcionario del puerto y una concejal, acudió a La Habana en una “misión informativa” que abarcó al menos una reunión con el presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular, Ricardo Alarcón, así como algún paseíto en carro y una sesión de pesca, a manera de diversión.
Según un artículo que dio cuenta del viaje, las autoridades cubanas confían en que el gobierno de Obama cambie las reglas que rigen el comercio y los viajes a Cuba. Al parecer, los miembros de la delegación tienen idéntico optimismo. ¿De dónde emanan estos sentimientos? Sólo ellos lo saben.
Pero como dicen: no hay peor ciego que el que no quiere ver. Mientras Obama batalla por sacar al país de su actual bache económico y lucha a brazo partido para que el Congreso apruebe su reforma del sistema de salubridad, no hay el más leve indicio de que se proponga siquiera poner el tema de Cuba sobre el tapete any time soon.
Es más, la última vez que el tema cubano salió a flote –mientras se discutía el retorno de Cuba a la OEA- Estados Unidos claramente puso como condición que la isla se ajustara a los parámetros democráticos del organismo. ¿Es esto indicativo de algún viraje?
No es lo mismo que Washington y La Habana se reúnan a tratar temas migratorios, como hicieron recientemente, a que se reúnan a discutir las insalvables diferencias que separan todavía a ambos gobiernos. Eso no ha pasado… ni pasará en el futuro próximo.
Así que, ¿cuál puede ser el objetivo de estas misiones municipales a Cuba sino ponderar algo que no está ni remotamente por ocurrir? No veo ninguno, francamente. Excepto perder el tiempo y un poco de dinero público, claro está.
Published: July 21, 2009
Tengo un tip para esos que quieren hacer negocios con Cuba ya: en la isla hay toda una industria clandestina de colchones.
Hace poco, un artículo daba cuenta de la mucha demanda que tienen en Cuba los colchones de muelles, que ahora se fabrican en talleres ocultos, utilizando, claro, materias primas sustraídas de mil formas ingeniosas de las garras del todopoderoso estado comunista.
Hay afortunados que tienen familiares en el extranjero que les envían remesas para comprar los fabulosos colchones que el gobierno cubano vende en sus tiendas de divisas; pero los demás deben recurrir a los comerciantes clandestinos, a eso que en Cuba se llama desde hace décadas la “bolsa negra”.
¿No les parece una buena oportunidad de negocios? ¡Arriba, traficantes!
En cuanto a mí, la noticia no me sorprende. En Cuba se carece de todo. Pero la mención de los colchones me trajo a la memoria el colchón que dejamos en Cuba, cuando nos largamos en el 80.
No es que fuera un colchón nuevo ni mucho menos. Lo recuerdo de siempre: desde que tengo memoria, me tumbé sobre él, lo mismo cuando llegaba la hora de dormir que cuando un catarro me arrojaba en la cama, sudando y tiritando.
Creo que se compró cuando mi padre vivía, es decir, poco antes de 1954, cuando éste falleció. Acompañó después a la familia en todas sus mudadas. En un tiempo, la tela con que estaba tapizado tenía ribetes relucientes. Después, como todo, fue poniéndose opaco y sucio.
Cuando me casé, se convirtió en un lecho compartido. Ya para entonces, sus muelles habían empezado a ceder aquí y allá. Hubo que rellenarlo un poco. Mi esposa se hizo experta en ello, colocando retazos de tella enrrollados en sitios estratégicos, para mitigar aquellos espacios vencidos.
Al fin, el día que escapamos, no se nos ocurrió despedirnos de aquel compañero fiel, paciente, que acabaría sus días en aquel infierno que tantos abandonaban. ¿Quién lo estará usando ahora? ¿Quién entregará a él su sueño, su reposo? ¿Quién hará el amor sobre él, o soñará que lo hace?
Porque estoy seguro que nuestro viejo colchón no fue echado a la basura. Alguien lo heredó, como fueron heredados nuestros muebles y nuestro roto televisor ruso. Alguien atesora todavía ese colchón nacido en otra era de abundancia, y seguramente ahora quiere hallar quien se lo arregle y le ponga muelles nuevos.
Buena oportunidad de negocios.
Published: July 19, 2009
"La verdad es que el padre [Eduardo] De la Fuente murió a manos de otro hombre que era su pareja sentimental, ante quien se hacía pasar por empresario extranjero. Por eso, en su homilía del viernes el cardenal dijo que en su caso “los delincuentes ignoraban que habían matado a un sacerdote”. Tanto la Iglesia como la Embajada fueron informadas por fuentes policiales de lo sucedido, así como de la captura del autor del crimen y de sus cómplices, pero por ser un asunto tan delicado fue tratado con suma discreción”. El País, Madrid, 19 de julio del 2009
Así, sin atribuir el origen de la información, explicó Mauricio Vicent, corresponsal del diario español en La Habana, uno de los asesinatos de sacerdotes españoles ocurridos en Cuba en el curso de sólo unos meses. El artículo completo puede encontrarse en el siguiente link: http://www.elpais.com/articulo/espana/Sacerdotes/amigos/asesinados/elpepiesp/20090719elpepinac_10/Tes
Bueno, después del reciente escándalo del padre Alberto Cutié en Miami, y de las otras viejas historias de pederastía clerical, algo semejante no nos debiera sorprender, por muy sórdido que nos parezca.
En otro posting nuestro sobre el tema, dijimos que en estos asesinatos de curas en la isla había gato encerrado… y el gato ya saltó de su escondite. Sólo que era de un pelaje imprevisto. Pero… ¿será verdad?
De cualquier manera, la explicación (con todos sus ribetes de novela negra) pondría de manifiesto, de ser cierta, el turbio entramado de la vida en una isla donde los extranjeros han plantado bandera, y desde cualquier posición, sea empresarial, oficial o hasta religiosa, aprovechan sus privilegios para obtener toda clase de satisfacciones que les estarían vedadas en circunstancias más normales.
Me resulta difícil creer que la fuente que el corresponsal de El País no menciona pueda ser otra que un funcionario del gobierno cubano, o de su policía. De ser así, las dudas me asaltan, pues el interés del régimen castrista en circunscribir estos asesinatos al ámbito de la delincuencia común parece ser muy alto. Si hubiera alguna confabulación para encubrir los móviles de estos crímenes, se habrían agenciado a dos excelentes voceros: a un cardenal y un corresponsal extranjero.
En fin, habrá que esperar a la reacción de la Iglesia en España y a los familiares del asesinado en cuestión. Esta historia, por lo visto, pica y se extiende. No habrá sólo que rezar, sino invocar a Philip Marlowe.
Published: July 17, 2009
El tema del embargo a Cuba apesta, me atrevería a decir. No obstante, y con una tapadera puesta en la nariz, lo tomo nuevamente en las manos para hacerle una nueva disección. ¿Me lo permiten?
Claro que sí. Entonces, El Cubanazo hace la misma pregunta que siempre hace cuando alguien propone levantar las sanciones al régimen castrista: ¿De qué embargo estamos hablando?
Claramente, desde el año 2000 lo único que resta de la medida dictada por el presidente demócrata John F. Kennedy en 1962 es lo siguiente:
a) Cuba no puede vender sus mercancías en Estados Unidos.
b) Cuba no puede obtener créditos de entidades norteamericanas para comprar mercancías en Estados Unidos.
c) Los norteamericanos sin nexo alguno familar o de linaje con Cuba no pueden viajar libremente a la isla.
Desde ese año, las exportaciones agrícolas y de medicamentos de Estados Unidos a Cuba, sobre una base de pagos al contado, han ido creciendo exponencialmente, hasta alcanzar casi $600 millones en un solo año.
Entonces, ¿qué piden quienes reclaman el fin del embargo? Ni más ni menos que esto:
a) Que Cuba pueda vender su mercancía en Estados Unidos.
b) Que Cuba pueda obtener créditos de entidades estadounidenses para hacer sus compras aquí.
c) Que todos los estadounidenses puedan viajar libremente a la isla.
Ahora que nos entendemos, analicemos por partes la conveniencia de levantar estos últimos rezagos del embargo.
Los motivos para imponer el embargo fueron claros. Sin fundamento legal alguno, ni siquiera en la jurisprudencia cubana, el régimen castrista nacionalizó de golpe y sin compensación todas las propiedades estadounidenses en la isla. Fue un golpe económico a numerosas empresas e inversionistas estadounidenses, sin justificación alguna si se toma en cuenta que Estados Unidos reconoció al gobierno de Fidel Castro no bien este bajó de la Sierra Maestra y no tomó en su contra ninguna medida.
¿Ha dado algún paso el régimen castrista desde entonces para enmendar esta relación dañada? Parece que ninguna. De modo que la medida tomada en 1962 tendría actualmente toda justificación.
Los pasos dados en el 2000 para facilitar la venta a Cuba de todos los alimentos que el régimen es incapaz de producir y de otros artículos de primera necesidad en el área de la salud han sido medidas apropiadas que han redundado en el beneficio de numerosas empresas estadounidenses que hacen negocios con Cuba, sin el temor de que el gobierno cubano incumpla sus pagos, como ha hecho con naciones europeas y latinoamericanas.
Muchos que se afilan los dientes ahora con la perspectiva de eliminar los rezagos del embargo no podrían ser capaces de explicar la conveniencia de hacer esto. Lo cierto es que mientras La Habana no dé los pasos necesarios para merecer un cambio de política, levantar las últimas sanciones que quedan no harían más que apuntalar al régimen y poner en peligro las finanzas de quienes confíen en el crédito del régimen.
Yo permitiría los viajes. Al fin y al cabo, además de viajeros comunes, la isla recibiría su buena racha de borrachines y pederastas. Allá Castro que se las arregle. Pero permitir al Dictador Jubilado vender tabacos y ron aquí, y encima comprar a crédito, me parece una dádiva que no se ha ganado.
Nada prohíbe a quien quiera desglosar un futuro sin embargo a Cuba, y pensar en la multitud de negocios que haría. Pero quienes protestan y manifiestan su desacuerdo con esas ponderaciones no son locos irracionales, y también les asisten derechos.
Published: July 17, 2009
El cardenal cubano Jaime Ortega fue el llamado a romper el silencio oficial sobre los asesinatos de dos sacerdotres españoles en La Habana. Mientras Granma, Juventud Rebelde y toda la camada de boletines castristas calla sobre el tema, Ortega parece haber sido el encargado de informar a sus consternados fieles de que se había detenido a un sospechoso en el caso más reciente, y que un segundo, responsabilizado con el primer asesinato, también se hallaba preso.
El cardenal Ortega dijo igualmente que ambos detenidos habían “confesado” su responsabilidad en los crímenes, al tiempo que rechazaba cualquier intento de vincular ambos casos o darles matiz político o religioso.
Qué interesante. De modo que hay confesiones. Así que los casos no tienen relación alguna. Yo me atrevería a pedirle al cardenal más detalles sobre el asunto, porque las confesiones en Cuba no suelen tener mucha credibilidad que digamos, sobre todo en casos donde está en juego la buena imagen del régimen. Una buena dosis de celda fría y caliente, dos o tres amenazas y bofetones, y cualquiera confiesa haber envenenado todo el trigo de Ucrania, como hizo Nikolai Bujarin.
¿Qué clase de tonto se creería el cuento de estas convenientes confesiones? Y si añadimos el que se trata de dos crímenes sin relación alguna, deberemos concluir que Ortega le está haciendo el aldo gordo al Dictador Jubilado, para que no sufran las relaciones con España.
No hay que ser un experto forense para encontrar una excesiva similitud de víctimas y métodos, y concluir que algo en común tienen estos asesinatos. Que hayan tenido móviles políticos o religiosos es harina de otro costal. Pero eso nadie nos lo va a decir.
En todo caso, parece evidente que el cardenal Ortega ha aceptado jugar en esta ocasión el triste papel de vocero del régimen castrista. ¿Por qué? Algún día se sabrá, como tantas otras cosas.
Published: July 15, 2009
Teme por su vida. El padre Isidro Hoyos, en La Habana.
El sacerdote español Isidro Hoyos dice que teme por su vida. No es que sea paranoico, aunque parece que tiene razones para serlo. En los últimos seis meses, dos de sus colegas de origen ibérico han sido alevosamente asesinados en La Habana sin que hasta ahora se haya esclarecido siquiera el primero de ambos crímenes.
En los dos casos, los sacerdotes fueron objeto de muertes violentas. Fueron amordazados, maniatados y acuchillados. La llamada Policía Nacional Revolucionaria, con gran fanfarria, acudió a los templos atendidos por ambos curas. El primero, en la barriada de la Víbora; el segundo, en la ciudad portuaria de Regla. Pero pese a la insistencia de la embajada española y los familiares de los asesinados, hasta ahora no se ha dado con los culpables. ¡No hay siquiera un sospechoso!
Hoyos, por su parte, asegura que “no hay dos sin tres”, y aparentemente cree que está en alguna lista negra de sacerdotes españoles radicados en parroquias cubanas. Una lista de curas marcados para morir. El hermano del último sacerdote asesinado afirmó desde España que la razón puede ser que en Cuba los sacerdotes no son bien vistos. No es de sorprenderse, en un país donde sólo existe un Dios, aunque moribundo: Fidel Castro.
En la década de los 80, en Polonia, el asesinato del sacerdote Jerzy Popieluszko se convirtió en el catalizador del creciente descontento popular. Poco a poco, y a contrapelo de las propias autoridades, la pesquisa de su muerte empezó a apuntar cada vez más la policía política del régimen. Al final, se descubrió a los agentes que perpetraron el crimen y no quedó otro remedio que someterlos a juicio. El funeral de Popieluszko atrajo a más de 200,000 personas. El comunismo en Polonia duró cinco años más.
El Cubanazo no puede afirmar que los asesinatos de sacerdotes en Cuba tienen iguales causas, ni que la Seguridad del Estado esté detrás de ellos; pero no le sorprendería que así fuera… o que los hayan instigado. Ambos sacerdotes atendían parroquias en barriadas humildes y, a juzgar por las reacciones visibles en sus vecindarios, gozaban de popularidad. No son cosas que el régimen del Dictador Jubilado contempla con beneplácito o siquiera pasividad.
¿Serán casos de “medidas especiales” que tuvieron consecuencias funestas? Sólo el tiempo -y la paciencia indolente de la policía cubana- dirá. En todo caso, él padre Hoyos tiene razones para preocuparse. Los dos asesinatos tiene víctimas semejantes y un modos operandi casi idéntico. Podría haber una lista negra. Mejor rezar.
Published: July 10, 2009
Según un reportaje investigativo publicado por El Nuevo Herald, una red que se dedicaba a hacer cobros fraudulentos al Medicare transfirió a Cuba, a través de una empresa en Canadá, casi medio millón de dólares, en lo que sería un indicio de que Cuba se beneficia de ese tipo de actividades ilegales. No hace mucho, algunos de los buscados en otro caso de fraude al Medicare buscaron refugio en Cuba, de donde fue extraditado tiempo después a Estados Unidos.
Resulta aparente ahora que hay nexos entre esos dineros malhabidos y el tráfico de dinero hacia la isla de régimen comunista.
¿Por qué no me sorprende? Cada chanchullo de divisas obtenidas fraudulentamente puede tener hilos que conducen a Cuba, donde acogen la moneda dura como maná del cielo, sobre todo porque no hay forma humana ni divina de seguir su rumbo, tratándose de un sistema bancario opaco y tan rodeado de secretos como las cuentas que el Dictador Jubilado y su pandilla tienen regadas por el mundo, sobre todo en los conocidos paraísos fiscales.
Estafar al Medicare siempre ha sido, como sabemos, relativamente fácil. Las estafas menos publicitadas son las que no son ilegales y vemos a diario: ancianos cargados de medicamentos y con una lista de appointments con doctores que apenas les miran. Pero en el pico de la pirámide anidan legiones de pillos que durante años acumulan plata cobrando servicios y equipos que no prestan en absoluto. Al final, es dinero que se precisa “lavar”, como toda cosa sucia, así que… ¿qué mejor sitio que una isla herméticamente cerrada y bajo control de la mafia más implacable que hay conocido este hemisferio, si no contamos al régimen de Corea del Norte?
Afortundamente, salen a relucir cada vez más a menudo los casos que apuntan hacia el sur, definiendo crecientemente el rumbo de estos dineros robados al contribuyente estadounidense.
Habrá quienes digan: es una razón más para dialogar con el régimen comunista. Pero ese viejito que en La Habana, desde su lecho de muerte, cobra millones al Medicare, merece algo más que amables palabras. El Dictador Jubilado debe ser hecho responsable de estos actos criminales, que sólo sirven para apuntalar su régimen represivo y el decadente estilo de vida de una clase dominante que debe desaparecer que Cuba no sólo sea libre, sino transparente.
Published: July 05, 2009
Esta vieja canción, original del Trío Matamoros, ilustra plenamente la ubicuidad de las frutas en la vida cubana.
Antaño, Cuba era un verdadero frutal. No pasaba un día sin que el ciudadano común disfrutara de un mango, un jugo de melón o un batido de mamey. Por no hablar de las naranjas, que en muchas partes de la isla eran de intenso cultivo. Pero el ya largo experimento político castrista hizo que las frutas se esfumaran del mercado más rapido de lo que usted puede decir “patriaomuerte”.
Se trata de un fenómeno apreciable desde fines de los 60, cuando empezaron a sentirse los efectos de las nuevas políticas agrarias que originalmente parecieron destinadas a satisfacer al campesinado y potenciar su capacidad productiva. Para el cubano de a pie, la realidad de la endémica carestía de alimentos, y en particular las antes ubicuas frutas, nunca fue un secreto.
De manera que cuando Granma, el órgano oficial del Partido Comunista, reconoció hace poco que las frutas habían desaparecido de los mercados cubanos, en realidad no reveló nada que todos en Cuba no supieran. Tampoco dijo algo sorprendente al reconocer también que Cuba importa ahora el 80% de las frutas necesarias para elaborar compotas y mermeladas. Pudo haber dicho lo mismo sobre el resto de los alimentos que se consumen en la isla. Eso también lo saben todos.
Lo sorprendente es que la prensa oficial castrista lance ahora esta noticia al vuelo, como si fuese un verdadero palo periodístico. El hecho sólo sirve para demostrar la enorme desconexión del aparato propagandístico del régimen de las realidades que golpean cotidianamente a los ciudadanos. ¿Puede alguien siquiera considerar como fuente informativa a unos medios que, tras décadas de continuo declive, reconoce tardíamente la ausencia de frutas en la canasta básica cubana?
Pero es llover sobre mojado. Resulta inevitable que un régimen que ya dura medio siglo, y que ha visto erosionada totalmente su legitimidad, manifieste así su desconexión con la precaria situación que él mismo ha creado. Que pueda sobrevivir a un aislamiento total de sus gobernados es harina de otro costal. En eso el régimen a mostrado una terca capacidad de supervivencia. Las escaseces y penurias, como sabemos, no alcanzan al aparato represivo que sustentan la ineficiencia del sistema.
Eso se hará también transparente en su momento, pero den por seguro que Granma nunca lo reconocerá.