
Ya era hora
Published: July 23, 2008
Aboga por los presos políticos. Al Sharpton hace valer sus principios. Foto: AP
Un grupo de ex presos políticos cubanos y sus familiares se reunieron recientemente frente a la sede del régimen castrista en Naciones Unidas para protestar por la situación de las cárceles en la isla. La diferencia es que esta vez no lo hicieron solos. Les acompañaba un conocido líder afroamericano, el reverendo Al Sharpton.
Sharpton, hay que decirlo, es un ícono de la izquierda contemporánea estadounidense. Tiene un historial controvertido, sobre todo por un caso de violación de una adolescente negra que denunció y luego resultó ser un invento.
Con todo, Sharpton ha logrado mantener su liderazgo entre los afroamericanos, llegando incluso a postularse a la presidencia por el Partido Demócrata, aunque obviamente con menos éxito que Barack Obama.
Dicho eso, su presencia junto a estas víctimas de la represión castrista, en un acto celebrado frente a una sede diplomática del régimen de La Habana, lo coloca en una postura cuando menos equívoca en un movimiento donde cuestionar la “revolución” es casi un pecado.
Cindy Sheehan y la gentecita de Code Pink, por ejemplo, se cuidó mucho de interesarse por los presos políticos cubanos cuando fueron a protestar por las presuntas violaciones de los derechos humanos en la Base Naval de Guantánamo. ¿Por qué? Nadie lo sabe. Después de todo, hay cárceles en toda la isla, no sólo dentro del territorio que ocupa Estados Unidos.
En fin, ahora Sharpton ha hecho lo que todos esperaríamos de un líder negro: Pedir que el régimen cubano abra sus prisiones a una visita de ministros religiosos estadounidenses y exigir la liberación de los presos de conciencia. El doctor Oscar Elías Biscet, preso hace muchos años, es tan negro como Nelson Mandela. ¿Por qué desentenderse de su injusta prisión?
Pero la maquinaria de difamación del Partido, como la llamó León Trostky, ha de estar afilando ya sus cuchillas. Pronto empezará a acusar a Sharpton de ser un demagogo, vendido a la mafia terrorista de Miami. No faltarán, desde luego, quienes hagan eco de todas las calumnias y epítetos, porque claramente han sido y seguirán siendo una caja de resonancia del régimen castrista.
No faltarán tampoco quienes, desde el exilio, empiecen a atacar a Sharpton y a descalificarlo por sus antecedentes de izquierda. Esto sería, sin embargo, un grave error. Ya era hora de que la izquierda estadounidense despertara a las tristes realidades de Cuba y dirigiera también sus esfuerzos a liquidar la última dictadura comunista del hemisferio.
Con la adhesión de Sharpton a su causa, los disidentes cubanos han puesto una pica en Flandes. Ahora hay que poner muchas picas más.
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