
Una misma mordaza para todos
Published: April 29, 2008
El convocador. ¿Quién se atreve a hablar? Ni Raúl
El régimen castrista va a cumplir medio siglo, pero el Partido (así, escrito y pronunciado con mayúscula, como si fuera Dios) apenas tiene 43 añitos.
No es que el Máximo Líder Convaleciente haya bajado de la Sierra enarbolando la hoz y el martillo precisamente. El engaño tomó más tiempo y sus verdaderos colores salieron a flote poco después. Fundó el Partido Comunista de Cuba en 1965.
En todos estos años, sin embargo, pese a que se trata de la llamada “fuerza rectora de la sociedad cubana”, el Partido sólo ha celebrado cuatro congresos. Es decir, más o menos un congreso cada 10 años. Un récord patético, considerando que se trata de una organización que se jacta de practicar el “centralismo democrático”.
Una comparación con otra entidad similar, el Partido Comunista de la Unión Soviética, indica que entre el triunfo de los bolcheviques en 1917 y 1956, éste celebró 20 congresos, es decir, más o menos uno cada quinquenio, incluyendo etapas de guerra civil, insurrecciones, clandestinaje… y hasta la Segunda Guerra Mundial.
¿Qué ha pasado, entonces, con los comunistas cubanos? ¿Será que se les ha olvidado reunirse de vez en cuando para discutir sus asuntos y quizás ocuparse de esa función “rectora” que se atribuyen?
En honor a la verdad, creo que el Partido Comunista de Cuba (o el Pececé, como le dicen en la isla) es una de las organizaciones más prácticas que se conocen. Al fin y al cabo, ¿para qué reunir a tanta gente, a tanto costo, si todo está determinado de antemano y no hay gran cosa que discutir?
Traigo esto a colación porque el Gobernante Interino acaba de convocar a un congreso partidista y no van a faltar ahora quienes atribuyan a este gesto el mismo mágico potencial que a la liberación de los teléfonos celulares. Si añadimos a esto que, como parte del mismo paquete, se anunció también la conmutación de varias sentencias de muerte, el optimismo puede llegar a alcanzar niveles de indigestión.
Nos gustaría creer que el congreso convocado para mediados del año próximo (¡el próximo, no hay prisa!) va a ser parecido a aquel donde Nikita Jruchov denunció los crímenes de Stalin; pero sería demasiado pedir. O que la conmutación de esas sentencias de muerte significa que la pena máxima no se va a aplicar en lo sucesivo en un país que apenas la conoció hasta que el Coma Andante se adueñó del poder. Otra vana esperanza, claro.
La verdad es que las acrobacias que hace Raúl Castro para convencer a todos de que acomete un saneamiento real de la sociedad, la economía y las altas esferas políticas cubanas dan muestras, a cada paso, de que se trata de un colosal acto de ilusionismo. Sus maniobras son semejantes a las de esos magos de circos ambulantes que piden un “voluntario” del público, previamente aleccionado, para certificar sus malos trucos y su magia barata.
La verdad es que ningún congreso partidista puede convertirse en foro de franca discusión en la isla, cuando el más mínimo desacuerdo político tiene para cualquier cubano consecuencias funestas. ¿Por qué van a ser los comunistas una excepción?
La mordaza es la misma para todos.
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