
Un régimen que vive de dar patadas
Published: August 25, 2008
Momento estelar. Un atleta se purifica en el Jordán de la violencia.
La patada que el twakondista Angel Valodia Matos dio a un árbitro y a un juez en las Olimpiadas de Pekín es otro botón de muestra del desprecio que el castrismo experimenta por todo discurso civilizado.
No, la comparación no es traída por los pelos ni tiene una raíz poética. Someterse a los dictados de un árbitro y acatar los fallos de un juez imparcial son modelos de conducta que no se inculcan en Cuba. Tampoco es la imparcialidad la que precisamente prevalece, por ejemplo, en los tribunales cubanos.
Así que, si no te cuadra la decisión de un árbitro, si un juez se interpone entre tú y una medalla, la respuesta más lógica y contundente es una patada directa al pescuezo.
¿Nos hemos olvidado ya de la agresión a puñetazos que protagonizó en el Aeropuerto de Miami otro atleta olímpico cubano, el boxeador Teófilo Stevenson? Escapó de Miami sin pagar la cuenta y el juicio civil todavía está pendiente.
Patadas y empujones son también lo que los disidentes reciben en Cuba, cuando no la cárcel por largos años.
Pero bueno, tampoco debemos culpar demasiado a Matos. Fidel Castro despachó a la delegación olímpica cubana con un ominoso lema espartano: “Con el escudo o sobre el escudo”.
Suena lindo, solemne, pero… ¿quiénes eran, a fin de cuentas, los espartanos? Una cruel etnia militarizada donde los bebés a quienes se juzgaba débiles eran arrojados a un barranco sin misericordia. Los demás, los que pasaban la prueba, tenían vencer o morir en combate.
Historia antigua que se repite. Matos, privado de ganar la medalla que el Dictador Jubilado pidió, tenía que justificar su derrota de alguna forma. La patada, que hace poco Castro elogió en un artículo, fue una manera de purificarse en el Jordán de la violencia. Ya lo recibirán en Cuba entre vítores.
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