
Un fallo justiciero… y aleccionador
Published: October 21, 2008
Ya es oficial. Un juez federal en Miami otorgó $80 millones en resarcimiento a tres trabajadores cubanos -dos de ellos de Tampa- que demandaron a unos astilleros de Curazao por mantenerlos en condiciones de esclavitud por cuenta del gobierno cubano. La compañía tiene negocios en el sur de la Florida, así que sus activos están a la mano.
De modo que se hizo justicia, pero desafortunadamente Alberto Rodríguez Licea, Alonso Hernández y Luis Alberto Casanova no son ni serán los únicos cubanos que andan por el mundo en estas deplorables condiciones. El régimen castrista está usando otra vez a sus súbditos como mercancía humana para inflar sus arcas, y lo peor es que lo hace con la complicidad de empresas privadas a las que no parece importar en absoluto reeditar prácticas esclavistas.
El Cubanazo ha encontrado casos muy semejantes en la ilustrada España, por ejemplo, donde numerosos cubanos trabajan por una pitanza en negocios del régimen castrista como restaurantes, discotecas, botánicas, etc. Viven hacinados en pequeños apartamentos y el dinero que perciben va a parar a los bolsillos de la dictadura y sus socios capitalistas. ¿Habrá alguien en la Madre Patria que los defienda ante un tribunal, como aquí? Me atrevo a dudarlo.
Estos tres cubanos que ahora tienen un reclamo acreditado contra la empresa que contribuyó a su esclavitud tuvieron que huir de Curazao para llegar a Estados Unidos, donde pudieron hacer valer sus derechos humanos por primera vez. ¿Habrán pasado por México o cualquier otro país latinoamericano? No lo sabemos. Pero si lo hubieran hecho ahora, después del pacto migratorio entre México y La Habana, seguramente los habrían devuelto al Dictador Jubilado, atados de pies y manos.
Por eso tenemos tantas reservas con los manejos que se trae el gobierno de Felipe Calderón, y los otros que puedan surgir en países de Centroamérica, adonde huyen los cubanos en pos de la libertad que se les niega en su patria.
Hagamos un poco de memoria: Si México hubiera actuado con igual criterio en los años 50, cuando Castro y sus compinches andaban exiliados allá, los habría devuelto sin misericordia a las manos de Fulgencio Batista, y la historia reciente de Cuba hubiera sido distinta, indudablemente. Pero entonces México permitió a Castro comprar armas allí, así como un yate con el cual regresar a la isla y treparse a la Sierra Maestra.
Cosas irónicas, pero ciertas.
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