
¿Pacto migratorio o pacto contra EEUU?
Published: October 20, 2008
Felipito: Procedimiento expedito.
El reciente pacto migratorio entre Cuba y México, mediante el cual esta última nación se comprometió a deportar a la isla en forma expedita a todo cubano que arribe de forma ilegal a su territorio, tiene la apariencia de un acuerdo normal, de los que se dan entre países que encaran flujos migratorios irregulares.
La realidad, me temo, es bastante distinta. México tendría sobradas razones, por ejemplo, para suscribir un pacto semejante con Estados Unidos, adonde miles de sus ciudadanos se trasladan ilegalmente cada año; pero estoy seguro de que la “deportación expedita” no estaría entre sus más altas prioridades. ¿Por qué acceder, entonces, a deportar a cubanos hacia la isla, expeditamente, es decir, de carrera, sin tan siquiera considerar si son candidatos al asilo político?
Considerando que México es una nación que pone gran énfasis en el trato que se da a sus emigrantes, en todas partes y en especial en EEUU, acordar devolver a cualquier cubano que llegue a sus tierras sin documentos, y sobre todo a Cuba, es una postura insólita.
No estoy abogando aquí en favor de las bandas de traficantes que lucran con el flujo de seres humanos que evidentemente se produce entre Cuba y México desde hacer varios años. Tampoco me atrevería a pedir a México que aceptara a cuanto cubano llegue a sus costas. De sobra sé que algunos de ellos sólo buscan llegar a EEUU para inmediatamente preguntar cuándo pueden regresar a la isla “de visita”. No son perseguidos políticos ni mucho menos.
Pero me sorprende que un pacto tan drástico con la más larga dictadura que ha soportado cualquier país de América no contenga al menos un “caveat” para sortear, entre los muchos que llegan y seguirán llegando, a aquellos que tienen un bien fundado temor de persecución. Después de todo, en Cuba por escribir solamente te pueden tocar hasta 25 años de cárcel. Por “salida ilegal” las sanciones son igual de draconianas. No es que los estén deportando a Suiza.
Sin embargo, más allá de estas consideraciones, el pacto México-Cuba claramente eleva un índice acusador hacia EEUU, como supuesto promotor de este éxodo, y busca obligar a este país a llevar la pesada carga -que lleva hace casi 50 años- de dar refugio, como buen samaritano, a quienes huyen de la dictadura castrista.
Claramente, si los cubanos tienen que volver a la gastada y peligrosa ruta del Estrecho de la Florida, y la actividad de los traficantes se traslada nuevamente a ese perímetro, la Guardia Costera de EEUU y el erario público estadounidense pagarán las consecuencias de este pacto.
A fin de cuentas, pienso yo, México debería pensar menos en sacarle las castañas del fuego al Dictador Jubilado, y más en las relaciones con un buen vecino, al cual acuden tantos mexicanos que no pueden ganarse la vida en su propia tierra.
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