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No se afilen los colmillos con los reclamos en Cuba

Published: June 17, 2008

Lo último que se debe perder en esta vida es la esperanza. Es decir, antes de perder la vida misma. Para esa última opción que todos encararemos está la fe, que es un vuelco sublime de la razón hacia cosas más elevadas.
Pero eso es filosofía. Y de filósofo no tengo un pelo, como se sabe.
Hablo de la esperanza porque acabo de leer un artículo curioso en The Tampa Tribune, que reproducimos en esta página web, sobre las reclamaciones pendientes de muchos estadounidenses sobre las propiedades que les confiscaron en Cuba.
El artículo indica que, al parecer, hay un empeño andando para comprar los derechos de estas reclamaciones. El reportero se pregunta en un momento: ¿Quién será el quiere comprarlos y para qué?
Es la eterna pregunta en el mundo de los negocios, donde alguien siempre aspira a anticiparse a los acontecimientos. Con todo, es una interrogante válida, sobre todo en vista de que las leyes federales no permitirían vender esos derechos a un precio superior al que se pagó al dueño original.
Y si el lucro no es el motivo, ¿cuál podría ser?
El reportero, obviamente, no se puede dar el lujo de hacer conjeturas, pero El Cubanazo es muy dado a hacerlas. Y las hace porque escribe una columna, y no un reportaje informativo.
Lo cierto es que, con el traspaso de mando en Cuba y la perspectiva de relevo en Washington, habría sobradas razones para que los inversionistas se afilen los colmillos. Poseer un número sustancial de estos derechos de reclamación podría ser un buen argumento para meter la cuchareta en cualquier negociación con Cuba si dos cosas ocurren:
a) Raúl Castro decide abrir la puerta del diálogo con Estados Unidos.
b) El nuevo inquilino de la Casa Blanca decide romper el estancamiento en las relaciones con la isla
La mayoría de estas reclamaciones individuales y empresariales conducen, desde luego, a un callejón sin salida. Todas esas viviendas, terrenos y negocios han sido pasto del tiempo y de la ineficiencia castrista, así que sería punto menos que imposible darles un nuevo uso, o siquiera buscarlas. Pero, ciertamente, cualquiera que tuviera en sus manos un pedazo sustancial del reclamo global tendría el oído atento de un gobierno cubano dispuesto a abrirse a las inversiones estadounidenses.
Get it? Yo te absuelvo de esta deuda que poseo si tú me abres camino en tal o más cual negocio que quiero hacer en Cuba. Es, como dicen en inglés, un educated guess. Es decir, lo mejor que puedo hacer a estas alturas del juego, con lo poco que se sabe. Adivinar con cierto conocimiento de causa.
Eso sí, donde el autor del artículo pisa terreno movedizo es cuando hace referencia a los tratos que otras naciones han hecho con Cuba para resolver las reclamaciones de sus propios ciudadanos. Menciona a Canadá, Francia, España y Suecia. De los reclamos de estos cuatro sólo los de España han recibido atención de la prensa internacional, y los resultados de sus gestiones han sido patéticos.
El gobierno español acordó hace años resarcir directamente a sus ciudadanos –en su mayoría dueños de bodegas y unos pocos negocios grandes- y luego cobrar a Cuba la suma desembolsada en ciertos plazos y mediante pagos en especies. El resultado neto han sido hasta ahora unos cuantos embarques de caramelos y pirulíes cubanos que no alcanzan ni para empezar a pagar una deuda que es magra si se la compara con la estadounidense. También, creo, algunos cargamentos de langosta y cangrejo, que no vienen mal pero no son tampoco suficientes.
En todo caso, es bueno saber que muchos no pierden la esperanza de que les compensen por una casita que tuvieron en la playa de Tarará, o por una fábrica de azúcar en algún lugar de Oriente. Al fin y al cabo, han sido víctimas del mismo latrocinio y arbitrariedad que los propios cubanos han sufrido hace casi medio siglo. Pero no es bueno ser demasiado optimistas.
El ladrón sólo devuelve cuando se arrepiente… o lo meten en la cárcel. A veces, ni eso.


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