
Published: July 06, 2010
Leo un artículo en el diario madrileño El País cuyo título me arranca una leve sonrisa: Disminuye el número de presos políticos en Cuba, aunque sigue la represión. No me digan. El reportero compara la cifra actual (o más bien, la que una ONG de escasos recursos le ofrece), y concluye que en el 2010 hay 34 presos políticos menos que el año pasado. De acuerdo con el reportero, en Cuba hay ahora 167 presos políticos, con lo que habría un 17% menos. La misma ONG le aseguró que es la cifra más baja en 50 años, algo que supuestamente debería llenarnos de optimismo y hasta alegría.
Pero la realidad es que se trata de una comparación bastante engañosa. No es que estemos comparando peras con manzanas, sino que la comparación no es ciertamente la correcta. En los años 60, cuando la contabilidad no era tan “precisa” como se presenta ahora, la cifra de presos políticos en las cárceles cubanas alcanzaba el orden de las decenas de miles (unos 50,000, de acuerdo con números de la época). Para los años 70, cuando El Cubanazo estaba preso allá, por cierto, el número posiblemente llegara a 10,000, incluyendo a aquellos que habían sido sancionados por ese delito tan propio de la isla en toda época, salida ilegal del país. En el año 77, cuando El Cubanazo fue puesto en libertad condicional, el régimen liberó en toda cuba a miles de prisioneros políticos, de manera que al año siguiente, tras un corto diálogo con un grupo de exiliados, sólo indultó a 3,600.
¿Les parece poco? ¿Les parece mejor? Caramba, si comparamos la cifra actual con la de 1965 ó 1966 ésta puede parecernos exigua, no faltaba más. Pero El Cubanazo cree que comparar a Cuba consigo misma y en distintos momentos de su historia reciente no es la mejor forma de medir la triste situación de los derechos humanos bajo el régimen del Dictador Jubilado, que mete preso a quien quiere y cuando quiere, sino con cualquier otro país latinoamericano, donde tener más de 100 presos por causas políticas sería algo insólito, y hasta indignante.
Quizás 167 presos sea la cifra más baja en los últimos 50 años, pero esto no significa que el canciller español Miguel Angel Moratinos haya arribado ahora a un país en proceso de enmendar su despreciable sistema totalitario. Más correcto hubiera sido decir que Moratinos llega a Cuba, el único país latinoamericano que, aun a estas alturas, tiene presos políticos en sus cárceles.