
Published: August 24, 2010
Corría el año 1957. Poco tiempo antes, el 13 de marzo de ese mismo año, el dictador Fulgencio Batista Zaldívar había escapado ileso del asalto al Palacio Presidencial ejecutado por una organización estudiantil revolucionaria. Muchos de sus líderes resultaron muertos.
Un grupo de las llamadas “clases vivas” convocó por ese entonces a un acto de homenaje a Batista. Quizás algunos “vivos” creyeron incluso que con esta clase de gesto simplemente contribuirían a la concordia en una nación en plena guerra civil. El cardenal Manuel Arteaga Betancourt fue uno de los que acudieron a la cita.
Es bueno notar que para entonces la Iglesia Católica se había pronunciado ya varias veces por una solución civilista a la crisis cubana y condenado los actos de violencia que tenían lugar en el país, entre ellos los ejecutados por el Estado. Pero Arteaga acudió al homenaje quizás movido por el hecho de que Batista, después de todo, era en ese momento el jefe de Estado de la nación por cuya paz oraba todos los días y con cuya buena voluntad contaba para lograrla.
Un fotógrafo, sin embargo, retrató el momento en que el cardenal saludaba a Batista, estrechándole la mano y sonriéndole brevemente, en un elemental gesto de cortesía. No duró ni un minuto, pero en la película fotográfica ese instante quedó plasmado para siempre. Es lo que un famoso fotógrafo bautizó como “momento decisivo”.
Apenas tres años después, bajo el dictador Fidel Castro, una pastoral colectiva acababa de alertar a los cubanos del peligro del comunismo que se cernía ya sobre Cuba. La campaña desatada por Castro contra la Iglesia en ese momento tuvo una aliada crucial en aquella fotografía aparentemente olvidada: la misma en que Arteaga, en un simple gesto de cortesía, estrechaba la mano del anterior dictador. Se publicó, pues, ad náuseam, como prueba de que la Iglesia había mantenido una estrecha unión con el batistato.
¿Hay una lección que aprender aquí? Creo que sí, pero es demasiado tarde ya para el cardenal Jaime Ortega. La foto que algún día lamentará ver publicada ad náuseam ya se tomó.