
Published: September 11, 2009
Parece que la telenovela de los cinco espías cubanos tiene un nuevo giro. Los abogados de los agentes convictos y confesos han logrado poco en los tribunales, así que el régimen castrista ha cambiado su estrategia para liberarlos, más de 10 años después de su encarcelamiento.
En realidad, no se trata de un nuevo argumento. Desde un principio, los defensores de los llamados “cinco héroes” han insistido en que los medios informativos generaron una atmósfera adversa hacia los detenidos, haciendo imposible un juicio imparcial en Miami.
Never mind que los tribunales han echado abajo esa teoría. Ahora una entidad llamada Partnership for Civil Justice Fund ha entablado una demanda contra la Oficina de Transmisiones a Cuba, de la cual dependen Radio y TV Martí, con el fin de demostrar que algunos periodistas que cubrieron el juicio habrían cobrado a destajo por uno de esos medios oficiales.
Supongo que la idea es dar a entender que hubo una confabulación en la que el gobierno utilizó a estos comunicadores como agentes de agitación. Pero, como dicen en inglés, eso es un long shot.
Los dos únicos casos citados por la entidad demandante no parecen sustentar en absoluto semejante tesis. El reportero Wilfredo Cancio cubrió, en efecto, parte del juicio a los cinco espías, y también, como se sabe, estuvo en la nómina de caja chica de Radio Martí. Pero sus reportajes, concentrados en los argumentos de la defensa, en modo alguno podrían considerarse adversos a los acusados.
El otro caso citado, el del columnista y editor de El Nuevo Herald, Alejandro Armengol, no podría ser más risible. Armengol nunca ha sido reportero de ese diario, y en la única columna suya que he leído sobre este tema avanzó la peregrina idea de que el gobierno estadounidense nunca debió enjuiciar a los agentes castristas.
Así que, ¿dónde está la sustancia de esta demanda que exige información sobre los contratos de los periodistas que cubrieron este caso?
Se trata de una maniobra, desesperada a estas alturas, que lleva el mismo camino de las otras que han buscado sacar de la cárcel a quienes los castristas consideran “prisioneros del imperio”. Uno de estos, por cierto, estaría cerca de extinguir su sentencia. Otros dos podrían ver sus sentencias modificadas. Pero al cabecilla de la Red Avispa, por ejemplo, con sus dos cadenas perpetuas, le queda por pasar un largo y merecido tiempo en las cárceles estadounidenses.
Resignación es lo que les recomiendo. Después de todo, en La Habana el régimen castrista acaba de ratificar la sentencia de dos años de cárcel a un infeliz que se le ocurrió decir que pasaba hambre en Cuba. Comparada con esa monstruosidad legal, las condenas de los cinco espías, más que fundamentadas, parecen justicia ciega… y poética.