
Hijos o sobrinos de la ‘nomenklatura’
Published: July 16, 2008
Dashiell Torralba, ahora bajo fianza y peluquera de MegaTV en Miami.
Cierta gentecita cree que se lo puede permitir todo.
Hace como seis años, una chica llamada Dashiell Torralba llegó a Miami con un video casero que era una verdadera bomba, porque la casa en que había sido grabado era nada menos que la mansión de Fidel Castro, de cuyo hijo había sido novia.
Aquellas insólitas imágenes del llamado Punto Cero no tenían desperdicio: Castro en camiseta, tomando buen vino español en una mesa, rodeado de “la mujer y los muchachos”. Todo tan bien equipado y amueblado, incluso el patio, tan familiar y sabroso, que parecía una casa en Kendall, y no en La Habana de estos tiempos.
EL VIDEO EN CUESTION:
Dashiell se convirtió de repente en una heroína. Su imagen circuló por los televisores de Estados Unidos. Por supuesto, ganó un rápido asilo en este país.
Flash forward hacia éste, el año 2008:
Dashiell es cajera de Macy’s, en el Dadeland Mall de Miami. Un puesto modesto, pero sin duda de gran visibilidad. Pero estoy seguro de que a alguien acostumbrado a la buena vida de la nomenklatura cubana le ha de haber parecido en exceso vulgar. Un caballero generoso hubiera podido rescatarla de este marasmo, pero aparentemente eso no ocurrió. Y la tentación de saltarse las reglas del juego, además, habrá sido irresistible. Manejar tanta mercancía de lujo: perfumes, vestidos de marca, joyas, en fin, sueños ajenos realizados… Ah…
Entonces, el año pasado, alguien le robó un montón de artefactos electrónicos a un funcionario importante del correo. Tiene que haber sido importante, aunque la prensa no lo dice, porque con su computadora portátil, su celular y tarjetas de crédito, los pillos estuvieron haciendo su agosto, comprando a diestra y siniestra a cuenta del prójimo.
Sospechosamente, muchas de estas compras de miles de dólares pasaban por el Macy’s de Dadeland Mall, y en particular por una caja, la de la hermosa Dashiell.
Algunas tarjetas pasaban el escrutinio digital; otras, no. Pero según las autoridades, citadas por un periódico, la joven cajera las “obligaba” a pasar. Así, con tantos cargos –creo que llegaron a totalizar $88,000 en casi un mes- manejados por una sola persona, cundieron las sospechas.
Y de esta forma, Dashiell se vio de pronto en manos de la justicia. Dicen que encara penas de más de 10 años de cárcel. Un novio suyo, también detenido, se encuentra acusado en el caso.
Cuando vino a Estados Unidos, Dashiell vendió su famoso video a Univisión por la friolera de $100,000. En Cuba, relató entonces, había participado en un negocito con su novio, el hijo de Fidel, vendiendo visas españolas.
No hay lengua que habló que Dios no castigó. Parece que ahora la fiscalía federal quiere sacar a relucir este antecedente de la chica en el caso de tarjetas de crédito, y el abogado de Dashiell, por supuesto, se opone.
La realidad es que los antecedentes siempre dicen algo, aunque no sean admisibles en un tribunal de Estados Unidos.
Esta gentecita, hijos o sobrinos de papá (el tío de Dashiell es Diocles Torralba, un alto funcionario castrista defenestrado hace años), no se resignan a haber perdido todos sus viejos privilegios. Y para lucrar, recurrirán a cuanta trampa y trapisonda se les ocurra. Es lo que aprendieron en Cuba y no pueden evitarlo. Creen que se lo pueden permitir todo, pero ya ven: no pueden bailar en casa del trompo.
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