
Published: April 17, 2010
Los rumores sobre el caso de corrupción Río Zaza corren por la isla de Cuba como una catarata que se crece con cada oído y cada boca que lo traslada. Es la ley de “Radio Bemba”: magnificar un hecho, enriquecerlo, distorsionarlo. “Radio Bemba”, más que Radio Martí, ha venido informando a los cubanos desde que el dúo de los hermanos Castro monopolizó la prensa y los medios de comunicación en Cuba.
La muerte reciente, en circunstancias bien sospechosas, de un empresario chileno afincado en La Habana para gestionar la empresa Río Zaza, dedicada a producir jugos y leche en cajitas y propiedad del siniestro Max Marambio, un chileno de largo historial de servicio a la inteligencia castrista, no ha hecho más que enturbiar el caso de corrupción de cara al público cubano. En verdad, todo parece una novela de suspenso.
Al parecer, están presos decenas de empleados de la empresa. Muchos han sido interrogados ya, entre ellos el empresario muerto (¿por un infarto, por un suicidio o por muerte inducida?). La trama, que abarca hasta el recién desfenestrado jefe de la aviación civil, general Rogelio Acevedo, involucra millones de dólares llevados y traídos, y usados, por supuesto, para lucro personal de funcionarios corruptos.
¿Quién lo iba a decir? Muchos cubanos de mi generación recordarán, sin duda, el tristemente célebre Instituto Nacional de Recuperación de Bienes Malversados, una especie de “comité de sanidad” establecido en los primeros tiempos de la revolución castrista para detectar y recuperar todos los activos y bienes malhabidos durante el gobierno de Fulgencio Batista. Esta entidad, movida por un celo purista incontenible, se dio a la tarea de confiscar cuanta riqueza le pareció fruto de la corrupción batistiana. Incluso muchos que ganaron todo su dinero honradamente se vieron sometidos a su implacable lupa.
Pasa medio siglo y los “puros” de ayer son los pecadores de hoy. ¿No es que habíamos desterrado la corrupción de raíz y para siempre? ¿No es que habíamos procreado un hombre “nuevo”, “limpio”, incapaz de echarse la riqueza pública en el bolsillo propio? Ya ven: al igual que la prostitución, la pobreza, la indigencia y la opresión se han adueñado de Cuba nuevamente, la corrupción administrativa se ha entronizado como vicio visible de nuestra vida nacional.
Parece que estamos condenados a repetir la historia.