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De regreso al futuro

Published: April 21, 2008

cartoon
Del caricaturista Omar Santana en cubaencuentro.com

Hay una caricatura muy graciosa, publicada en cubaencuentro.com, que es paradójicamente el dictamen más serio que he visto sobre las recientes “reformas” anunciadas en Cuba.
En la pieza, del humorista cubano Omar Santana, aparece una pareja de ancianos andrajosos, y uno le dice al otro: “A este ritmo, en 25 añitos vamos a tener los mismos derechos que antes de 1959”.
Como siempre, los humoristas le llevan ventaja a los llamados “expertos”. Porque la triste verdad es que nada de lo que gobierno de Raúl Castro está ofreciendo aporta algo nuevo a la vida de los cubanos.
¿Acaso hacía falta una revolución, miles de presos políticos y fusilados, y más de un millón de exiliados para, a fin de cuentas, dar a los cubanos los derechos que todos tenían antes de que Fidel Castro asumiera el poder a punta de fusil?
Es irónico que medio siglo después de decretar una reforma agraria, por ejemplo, el régimen raulista anuncie ahora que va a “otorgar” tierras ociosas a los campesinos, para que las trabajen y produzcan. ¿No fue acaso el lema de la reforma agraria el que “la tierra es para quien la trabaja”?
Ahora se anuncia que los cubanos pronto podrían entrar y salir del país sin tener que pedir permiso a las autoridades, y que los cubanos residentes en el exterior podrán hacerlo con menos trámites. ¿Puede alguien decirme dónde está la novedad? Antes de Castro, sólo hacía falta un pasaporte para viajar y nadie pedía cuentas de adónde ibas. El propio Fidel viajó de esta manera a México y Estados Unidos… cuando la “dictadura” de Fulgencia Batista.
Por supuesto, los expertos en temas cubanos no se entusiasman con el alcance de estas medidas solamente. Tendrían que ser niños de teta. Pero todos dan por sentado que éstas son el presagio de muchas otras por venir.
Ojalá tengan razón. Pero de los únicos derechos que no se habla, en medio de tantas “reformas”, es de otros muchos que existían antes de 1959, como expresar opiniones y divulgarlas libremente; elegir a los gobernantes de todo nivel; organizar partidos políticos y actuar libremente desde la oposición.
Algunos dirán que exijo demasiado, pero francamente, tener derecho a comprar un horno microondas con el dinero que me mande un tío de Miami no me parece algo del otro mundo… ni de este mundo siquiera.
Hace unos días, por sólo citar un ejemplo, las Damas de Blanco fueron sacadas a la fuerza de la Plaza de la Revolución por el único “delito” de pararse allí pacíficamente a pedir la liberación de sus familiares presos. Un pelotón de policías cargó contra las indefensas mujeres y las arrastró fuera del lugar. La prohibición de manifestarse libremente, ¿no parece tan absurda como la de no poder comprar un reproductor de DVD, e incluso más grave?
Lo cierto es que, aunque otros más sabios argumentarán que el camino más largo empieza con un solo paso, me parece que los pasos de bebé dados por Raúl no van a conducir, a fin de cuentas, a ninguna parte, o en todo caso, al mismo lugar.


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