
Published: February 02, 2010
El Dictador Suplente ha decretado un período de gracia para que todos aquellos que posean armas de fuego ilegalmente en Cuba acudan a inscribirlas, mediante el pago de un impuesto.
Estoy seguro de que todos van a acudir a hacerlo, jajá; sobre todo si son armas adquiridas en cualquier turbia transacción del mercado negro. Un vocero de la disidencia asegura que muchas de estas armas clandestinas obran en poder de los delincuentes que abundan en ciertos vecindarios. Razón de más para que los criminales vayan a entregarse como corderitos ¿no les parece?
Lo cierto es que este llamado período de gracia viene con un tufo de miedo. Parece que la nomenklatura castrista –que ya ha puesto a sus hijos y nietos a buen recaudo en el extranjero- teme los posibles usos que pueda darse a este arsenal oculto, en medio de unas circunstancias sociales y económicas crecientemente volátiles.
¿No era que en Cuba las armas las tenía “el pueblo”, como una vez dijo el Dictador Agonizante? Pues ahora resulta que de los cuarteles (donde siempre estuvieron a buen recaudo) han saltado mágicamente a la calle… y nadie sabe exactamente quién las tiene?
Resultaría curioso calcular cuántas de estas armas de fuego acaban inscritas o confiscadas. Apuesto a que no serán muchas y que el temor de la nomenklatura no se va a aplacar.