
Published: August 31, 2009
De tiempo en tiempo, se escucha en Cuba un llamado a “una prensa más crítica”; alguien fustiga el “triunfalismo” de lo que divulgan las publicaciones oficiales o lamenta la escasa atención que esos medios dedican a la realidad inmediata que padecen los ciudadanos. La prensa “revolucionaria”, afirman, se ha apartado de su vital misión de informar a la clase obrera. Es una especie de exorcismo periódico que apenas tiene consecuencias, lo mismo si el llamado se hace desde las más altas instancias -el Dictador Jubilado o su hermanito- que si lo hace un funcionario de poca monta, o incluso o uno de esos periodistas que a diario se exime de informar la verdad.
Parece que esta vez el turno le tocó a uno de esos “muchachones” que ya peinan canas pero publican sus monsergas en el diario Juventud Rebelde. El columnista José Alejandro Rodríguez afirmó hace poco en un artículo titulado Espejos (http://www.juventudrebelde.cu/opinion/2009-08-29/espejos/) que, con el pretexto de cuidar la imagen del país y de sus ministerios, ciertos funcionarios censuran las informaciones o rechazan las críticas.
Según Rodríguez, el socialismo cubano “requiere observarse sistemáticamente, sin aferramiento a imágenes idílicas, ni engañosas pretensiones de si somos el mejor de los mundos”. Concluye, además, que “algunos han llegado a percibir el ejercicio sano de la crítica… como una concesión de flojos; como darle las armas al enemigo”.
Poco hace pensar que estos conceptos vayan a llegar muy lejos, considerando que la idea de la nación como plaza sitiada ha servido para reprimir la libertad de expresión en Cuba casi desde que el Dictador Jubilado ocupó el poder: desde el cierre de todos los periódicos independientes en los dos primeros años del régimen hasta el arresto del poeta Heberto Padilla en la década del 70 y las severas sentencias de cárcel a un puñado de periodistas disidentes hace seis años.
La realidad es que, siguiendo la tradición leninista de la prensa como instrumento de propaganda revolucionaria y agitación popular, no puede pedirse más a los patéticos periódicos que se publican en la isla. Bastante es que tengan la fecha correcta. Unos medios que permanecen atentos a la última directriz del Departamento de Orientación Revolucionaria no pueden fijar su atención en las penurias o injusticias que aquejan a los cubanos, ni mucho menos apuntar a soluciones que el Dictador Jubilado no apruebe.
Todavía me acuerdo de cuando yo mismo trabajaba para esos medios en La Habana y nos pasamos un día entero de 1969 esperando a que nos autorizaran a informar por Radio Rebelde que un astronauta norteamericano había pisado el suelo lunar. Al final, no lo hicimos. El diario Granma sólo publicó una nota breve sobre el tema la mañana siguiente, enterrada en el fondo de la página de noticias internacionales.
Eso sí, el artículo de Rodríguez en Juventud Rebelde incluye un significativo augurio que algunos de esos burócratas paranoicos a que alude podrían no perdonarle. “El socialismo europeo desapareció porque extravió el visor de lo que realmente sucedía, y la brújula para rectificar la ruta”, afirmó el columnista.
Visor y brújula se perdieron hace mucho tiempo en Cuba, pero el emperador castiga a quienes se atreven a decirle que está desnudo.